miércoles, 14 de octubre de 2020

Cuando las 62 Organizaciones y los 32 Gremios "democráticos" se reunieron con Aramburu

 En 1955 el gobierno constitucional de Juan Domingo Perón fue derrocado por un golpe de estado. En un primer momento la figura de consenso entre los golpistas fue el general Eduardo Lonardi, quien asumió como presidente provisional el 23 de septiembre, y que a su vez sería derrocado antes de haber cumplido dos meses en el gobierno. Su hija, Marta Lonardi, recordaría que en su discurso de asunción pronunció palabras conciliadoras tales como: “sepan los hermanos trabajadores que comprometemos nuestro honor de soldados en la solemne promesa de que jamás consentiremos que sus derechos sean Cercenados”. Cooke le dedicaría este juicio:

“Intentaba una conciliación imposible: nacionalismo e imperialismo, Plan Prebisch y paternalismo hacia los obreros, unión del frente antiperonista y tentativas de captar a la masa peronista depurándola de la influencia de Perón”.

El conciliador discurso de Lonardi fue correspondido por la dirigencia cegetista aconsejando a sus representados la más absoluta calma y que “cada trabajador continuara en su puesto por el camino de la armonía”. En la reunión que el nuevo presidente mantuvo con los representantes sindicales aseguró que su gobierno respetaría las medidas de justicia social que habían sido alcanzadas, y que también sería respetada la integridad de la CGT y de las organizaciones que la formaban. La designación del abogado de la UOM, Luis Cerruti Costa, como ministro de Trabajo, fue presentada como una muestra de la buena disposición gubernamental hacia el sector obrero.

Una de las primeras medidas del nuevo ministro fue ordenar que se reabriesen los locales sindicales que habían sido copados por grupos antiperonistas. En forma recíproca la conducción de la CGT renunció en pleno, y en su lugar fue designado un triunvirato provisional integrado por el textil Andrés Framini, el lucifuercista Luis Natalini y Dante Viel de Empleados Públicos. El gobierno aceptó el pedido de normalizar las organizaciones sindicales y se firmó un acuerdo para convocar a elecciones en todos los gremios en el lapso de 120 días.

Por un lado el gobierno procuraba contemporizar con la dirigencia peronista de los sindicatos, y al mismo tiempo no quería disgustar a los comandos civiles que reclamaban el desplazamiento de todos los dirigentes peronistas en el movimiento obrero. La decisión de devolver los sindicatos ocupados a sus legítimas autoridades fue desacatada por los comandos civiles en la mayoría de los casos, y el Ministerio de Trabajo se mostró impotente para hacer cumplir sus propias resoluciones.

El 13 de noviembre Lonardi fue obligado a dimitir. Aramburu asumió la presidencia y manifestó su negativa a cumplir con las garantías que se habían dado a los trabajadores. La CGT llamó a la huelga a partir del día 14, el gobierno declaró ilegal la huelga y el día 16 intervino la CGT y todos los sindicatos asociados, fueron depuestas y encarceladas las autoridades sindicales, como interventor en la central obrera se nombró a un capitán de navío –Alberto Patrón- hasta el apellido del interventor parecía una declaración de principios. Aquel decreto llevaba las firmas de Aramburu y Rojas, del ministro de Trabajo, Raúl Migone, y de los ministros de Ejército, Marina y Aeronáutica: Arturo Ossorio Arana, Teodoro Hartung y Ramón Abrahín.

El paso siguiente fue disolver todas las Comisiones internas, y difundir comunicados amenazantes como el que señalaba que todo el que persistiera en perturbar el orden público sería “detenido y confinado, conforme a expresas facultades otorgadas por el Estado de Sitio”.

En abril de 1956 se promulgó el decreto 7.107 proscribiendo, entre otros, a todos los que hubiesen sido dirigentes en la CGT o los sindicatos entre febrero de 1952 y septiembre de 1956. La proscripción se hizo extensiva a los sindicalistas que hubiesen participado del Congreso cegetista de 1949, cuando se modificaron los estatutos de la central y se la declaró “fiel depositaria de la Doctrina Peronista”.

Después de esta tanda proscriptiva Aramburu se sintió lo suficientemente seguro como para anunciar en su mensaje del 1º de mayo que el movimiento sindical argentino sería normalizado en 150 días. Entre agosto y octubre se hicieron las elecciones para designar comisiones internas en los gremios, y los primeros comicios para normalizar los sindicatos fueron en octubre. En febrero de 1957 se volvió a votar para regularizar las federaciones. Luego de las elecciones en los distintos sindicatos debía realizarse la normalización de la CGT, el interventor convocó a Congreso Extraordinario que comenzó el 26 de agosto de 1957, pero las deliberaciones quedaron interrumpidas a poco de haberse comenzado.

Un grupo de delegados congresales se retiró por discrepar con el informe de la comisión de poderes, luego comenzaron negociaciones para tratar de reconciliar a las partes enfrentadas que en un primer momento fueron definidos como “Los que se quedaron” y “Los que se retiraron”. Los que se quedaron eran mayoría y poco después adoptarían el nombre de “62 Organizaciones”, los que se retiraron del congreso pasarían a definirse como “32 Gremios Democráticos”. Obviamente el Congreso quedó fracturado y pasarían algunos años antes de que la CGT fuera normalizada.

La huelga de los Telefónicos y la solidaridad de los dos nucleamientos

En notas anteriores comenté que los Telefónicos se encontraban en conflicto desde el 27 de agosto de 1957, y que ese conflicto se había transformado en huelga a partir del 18 de septiembre (https://javiernieva.blogspot.com/2020/09/la-huelga-telefonica-de-1957.html). En un comunicado decía FOETRA:

“La continuación de la huelga general, con la disciplina que lo caracteriza, demuestra fehaciente y terminantemente, que el gremio telefónico, firme, unido y disciplinado se mantiene actualmente como vanguardia de la clase trabajadora en la concreción de las reivindicaciones sociales”.

La afirmación de que los telefónicos estaban a la vanguardia de la clase trabajadora podía parecer, en otras circunstancias, un simple recurso retórico. Pero en ese momento los dos nucleamientos en que se encontraba dividida la clase obrera coincidían en asignarle ese rol. Esto habla de un buen manejo por parte de la dirección de la Federación y, también, de un correcto comportamiento de todos los sectores internos del gremio. La cercanía del secretario general del Sindicato Buenos Aires con los dirigentes de “Los 32 gremios democráticos” le abrían algunos canales de diálogo con el gobierno. Sin embargo en esas oportunidades mantuvo con firmeza el reclamo de aumento salarial y la revisión de las sanciones del gobierno militar contra los telefónicos. Por su parte el Secretariado Nacional de FOETRA conseguía que ese apoyo de “Los 32” no se transformara en rechazo de “Las 62 Organizaciones”. Prueba de ello se encuentra en la declaración hecha por este nucleamiento el 26 de septiembre:


La lucha librada en este momento por telefónicos y telegrafistas no son sino las escaramuzas de avanzada con que la oligarquía antinacional pretende provocar al obrerismo argentino. De su resultado depende la suerte futura de todos los trabajadores; una derrota de telefónicos y telegrafistas significará en realidad, una derrota para toda la clase obrera organizada”.


La dictadura siguió endureciendo su posición y el 4 de octubre se realizaron una serie de reuniones en la Casa de Gobierno. Los nombres y los cargos de varios de los participantes pueden resultar hoy desconocidos, en ese momento causaban inquietud.

Ofició de dueño de casa el general Aramburu, a su lado se situó el contralmirante Isaac Rojas. Rodeando la mesa se ubicaron el jefe del estado mayor del Ejército, general Luis Leguizamón Martínez; el jefe del estado mayor Naval, contralmirante Jorge Perrén; el jefe del estado mayor de la Fuerza Aérea, comodoro Anselmo Simois; el secretario de Informaciones del estado, general Juan Carlos Cuaranta; el interventor de la Confederación General del Trabajo, capitán de navío Alberto Patrón Laplacette, y el presidente de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones , capitán de navío Ramón Casanova.

Simultáneamente en el Ministerio del Interior estuvieron el subjefe de la Policía Federal, capitán de fragata Aldo Molinari, y el jefe de coordinación policial, coronel Eugenio Schettini.

Después de las 18 se realizó otra reunión en Casa de gobierno en la que, junto a Aramburu y Rojas, estuvieron los ministros de las fuerzas armadas, el jefe de la Policía Federal, contralmirante José Antonio Dellepiani, el jefe de la Policía de la provincia de Buenos Aires, teniente coronel Desiderio Fernández Suárez, el interventor federal en la provincia, coronel Emilio Bonnecarrere, el secretario de Informaciones del estado, el director de Coordinación Federal, capitán de corbeta Pedro H. Messina, y jefes de los servicios de inteligencia del gobierno.

Cerca de la medianoche se informó de la implantación del estado de sitio en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires, ya para entonces se habían producido alrededor de 200 detenciones, la cuarta parte eran trabajadores telefónicos. La firmeza de los trabajadores frente a la ferocidad del régimen despertó nuevas simpatías en el movimiento obrero y ocurrió algo que hubiese sido impensado unos días antes. Los dos grandes nucleamientos en que había quedado partido el Congreso cegetista decidieron ponerse de acuerdo para gestionar una entrevista conjunta con el general Aramburu.


La reunión se realizó en Casa de Gobierno el jueves 10 de octubre, cada sector concurrió con 10 representantes; por entonces no eran muchas las mujeres destacadas en la actividad sindical, hubo una sola figura femenina en la delegación que llegó a la Casa Rosada, lo hizo en representación de los telefónicos, y aunque fue contabilizada como parte de los 32, se aclaró que contaba con el respaldo de los dos nucleamientos.

Aramburu se sentó en la cabecera de la gran mesa del Salón de Acuerdos. A su derecha se ubicó el coronel Peralta; el ministro de trabajo, Tristán Guevara y los representantes de los 32 Gremios: Norma Ciorciari, de FOETRA; Martín Ibáñez, de la Unión Ferroviaria; Armando March, de Empleados de Comercio; Braulio Núñez, de FONIVA; Riego Rivas, de FATI; Gustavo Suárez, de Municipales; Augusto Guibourg, de Bancarios; Roberto Canoniero, de Locutores; Tobías García, de Papeleros y Héctor J. Ares, del Personal Civil de la Nación.

A la izquierda se colocaron el jefe de la Casa militar; el ministro de industria y comercio, Julio César Cueto Rúa, y los representantes de las 62 Organizaciones: Juan Carlos loholaberry, Textil; Pedro Conde Magdaleno, de Panaderos; José Miguel Zárate, de Construcción; Artemio Agustín Patiño, del Tanino; Vicente Mareschi, de Madereros; Héctor Dente, de Metalúrgicos; Manuel Tarullas, de Unión Tranviaria Automotor; Alberto Lema, de Luz y Fuerza; Jorge Álvarez, de Sanidad y Eleuterio Cardozo, de la Carne.

En el comienzo de la reunión el primero en hablar fue Armando March, dirigente de Empleados de comercio y de los 32 Gremios, quien destacó como auspicioso que estuvieran presentes los representantes de distintos sectores gremiales. Y tras las formalidades introductorias dijo:

“Existe un gremio que se debate en una huelga prolongada a la que todos le prestamos nuestro solidario apoyo, gremio que viene representado en esta circunstancia por la única compañera, la señorita Norma Ciorciari, a invitación de los dos sectores que hoy están aquí presentes. Este hecho de que ninguno podamos atribuirnos a esa Organización de justificada combatividad, está diciendo que cuando la clase trabajadora tiene necesidades todos ponemos el hombro para tratar de que las dificultades existentes sean superadas”.

El segundo en intervenir fue Eleuterio Cardozo, dirigente de la Federación de la Carne y de las 62 Organizaciones. Reseñó los cinco puntos que llevaban a la reunión:

“Aumento general de sueldos, libertad de los presos sindicales y levantamiento del estado de sitio, derogación del decreto 824 de congelamiento de salarios, derogación del decreto 10.596 que limita el derecho de huelga, inmediata solución de los conflictos de telefónicos, telegrafistas, FONIVA y demás gremios”.

Norma Ciorciari, única mujer que integraba la delegación, agradeció la solidaridad de los dos nucleamientos a la lucha de los Telefónicos, y presentó esa coincidencia como un anticipo de la deseada reunificación de todos los trabajadores:

“Antes que nada, como un anticipo de la unidad definitiva de los trabajadores argentinos, celebro los puntos de coincidencia registrados en esta reunión. Asimismo, nos complace que de común acuerdo se haya permitido a FOETRA hacer oír su voz en esta oportunidad”.

Ella recordó que venían insistiendo con la propuesta de una reunión en la que estuvieran representantes de la empresa, de las autoridades nacionales y de los trabajadores, porque FOETRA no estaba en la calle por un mero capricho de dirigentes.

“En todas las reuniones hemos tratado de plantear soluciones (…) y solamente hemos escuchado esa campana de las 35 horas a las 44 horas. Las 35 horas que sostienen y defienden los telefónicos es una conquista y no un capricho de un funcionario; es una conquista que llevó a los telefónicos 20 años de lucha por su condición de trabajo insalubre”.

Ejemplificó con el trabajo desarrollado por los compañeros en las cámaras subterráneas, con las tareas de las operadoras de Tráfico, “14 mil mujeres en todo el país (…) que en el mismo mes de diciembre tenemos que trabajar con estufas y ventilación”. Le recordó a Aramburu que en un principio el ministro de comunicaciones había dicho que el horario no se tocaría; “ahora nos encontramos con que el primer punto que quiere discutirse es el de los horarios”. Y reiteró que los telefónicos habían salido a la lucha “por la reincorporación de cesantes y por un aumento que consideramos necesario”. Mirándolo a la cara le dijo:

“La insensibilidad de la empresa se pone de manifiesto a cada instante, hasta tal punto que anteayer se nos dijo que usted esperaba solamente 45 minutos para solucionar este conflicto o en su defecto pondría en práctica medidas drásticas. Nosotros entendemos que no es esa la solución. Pensamos que el problema telefónico debe resolverse con soluciones positivas, efectivas y de inmediato”.

Nosotros queremos que se nos respete y que no se diga que la conquista de las 35 horas es una herencia de ningún funcionario. Es una conquista legítimamente recuperada por el gremio telefónico”.


Toda la exposición de Norma Ciorciari fue respetuosa pero firme, hasta cuando citó un comunicado de FOETRA:

“Esta mañana hemos leído un comunicado referente a la huelga de los telefónicos y hablaré con la sinceridad que nos ha pedido el señor presidente.

En ese comunicado se dice que cuando una empresa anda mal un día, puede ser por culpa de los obreros, si anda mal un mes, los jefes son los responsables; pero si la compañía no anda bien un año, entonces debe desaparecer su directorio. Juzgue y medite lo que le decimos, es la impresión de todo el gremio telefónico.

No estamos contra nadie, queremos colaborar con la Nación, ponemos nuestro esfuerzo con los conocimientos que tenemos en materia telefónica. Lo que no queremos es que en esta circunstancia se trate de colocar de rodillas a un gremio que vive de pie”.

Había sido irónica al argumentar sobre la inconsistencia del planteo patronal para aumentar la productividad: en el Departamento de Tráfico, aunque se pagara más “no podríamos hablar más rápido”. También lo fue al ridiculizar la pretensión de recalificación del personal: “¿Cómo exigir una calificación si los jefes no saben calificar? Eso no es culpa nuestra, nosotros no los nombramos”.

A diferencia de lo que había ocurrido con otros dirigentes que hablaron ante que ella, Ni Aramburu ni ninguno de los funcionarios que lo asistían la interrumpió con preguntas ni hizo comentarios cuando finalizó. Desde el punto de vista argumental tal vez se sentían desbordados, pero el conflicto se venía desarrollando desde hacía un mes y medio y no era porque los trabajadores carecieran de razones justas.

Tan justa era esa lucha que las profundas diferencias ideológicas y políticas entre Las 62 Organizaciones y Los 32 Gremios fueron dejadas de lado para ponerse junto a los Telefónicos aquel día de octubre de 1957.

jueves, 8 de octubre de 2020

A diez años del intento golpista en Ecuador (2)

 Aproximadamente a las 8 de la mañana del jueves 30 de septiembre se inició el alzamiento de la policía ecuatoriana. Poco después toda la dirigencia política del continente se encontraba en estado de máxima alerta. El recuerdo de lo ocurrido en Honduras el año anterior no dejaba margen para dudas y vacilaciones, había que hacer algo y hacerlo pronto. El organismo natural para enfrentar la situación era la Unión de Naciones Suramericanas, pero el presidente protémpore de la UNASUR era Rafael Correa y en ese momento se encontraba secuestrado por los golpistas.

Ese día Cristina tenía previsto viajar a Entre Ríos para el acto de licitación de la ruta Paraná-Concordia; delegó esa tarea en Néstor y se quedó en Buenos Aires. Como ella misma dijera a la prensa: “estuve todo el día prendida a los teléfonos, no paré de hablar (…) era comunicarnos entre unos y los otros todo el tiempo”. Como resultado de esas comunicaciones se acordó la convocatoria conjunta a una reunión extraordinaria de los mandatarios suramericanos. En un primer momento se pensó en que todos se trasladaran a Quito como muestra de respaldo al gobierno de Rafael Correa, pero allí la situación todavía estaba irresuelta y se decidió que el encuentro fuera en Buenos Aires.

Recordando los acontecimientos diría Cristina a través de Twitter:

“(...) Fue un día difícil. 19.45 hs. me comuniqué con Rafael Correa. El contacto fue su Canciller. Lo tenían secuestrado en el hospital.”

“A una cuadra había muchísima gente que se había movilizado en su apoyo y también tropas de asalto para rescatarlo. No quería hacerlo. Rafael quería evitar derramamiento de sangre, heridos o muertos y sostenía que en poco tiempo más desistirían de semejante locura”

“Instintivamente me salió preguntarle: ¿Y si no lo hacen? ‘Cristina’, me dijo Rafael, ‘esperaré una hora...’. Pensé: ‘Qué constante histórica, un presidente constitucional de un Gobierno Nacional y Popular que, aun secuestrado, se niega a reprimir’”.

“Los otros nunca dudaron en arrasar con las instituciones, vidas y libertades, derechos y garantías para defender los privilegios de unos pocos”.

“Rafael me habló de conspiración: ‘La oposición está atrás de todo, pero no estoy dispuesto a ceder, del hospital me sacan Presidente o cadáver’. Le informé que a las 22 habría reunión de Presidentes de UNASUR en Buenos Aires. Lo agradeció. Nos despedimos afectuosamente y lo sentí sereno y firme”.

“Volví a escucharlo desde Cancillería junto a los otros Presidentes, después de ver el rescate. Hablaba desde el balcón en Casa de Gobierno en Quito. Finalmente, Rafael no había esperado una hora sino tres. El golpe había fracasado”.

“Cuando terminó de hablar nos pusimos en contacto y luego sesionamos. Emitimos un fuerte documento. Honduras subyace y casi vuelve a repetirse”.

 

Reunión Extraordinaria de la UNASUR


Fue una reunión de altísimo nivel, los presidentes de los países suramericanos se dieron cita en el Palacio San Martín, sede de la cancillería argentina. Los únicos ausentes fueron Lula Da Silva porque en Brasil se estaba realizando el cierre de campaña para las elecciones que tendrían lugar ese domingo, y Fernando Lugo que estaba enfermo. La presidenta argentina se dirigió a los presentes dándoles la bienvenida:


Muy buenas noches a todos y a todas: esta reunión que debió haber sido convocada por nuestro presidente pro tempore, en su ausencia obligada ha sido convocada por todos los presidentes que conforman la UNASUR. Dos de los mismos: el presidente de Colombia, Doctor Juan Manuel Santos y el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez Frías se encuentran en viaje, estarán aquí aproximadamente en una hora y media.

Esta es una reunión que reitero ha sido convocada aquí en Buenos Aires, pero la hemos decidido en conjunto todos los presidentes y la presidenta que les habla.

En estos momentos podemos celebrar el hecho de que nuestro compañero el mandatario de Ecuador, Rafael Correa, ha sido liberado y se encuentra en buen estado. Hemos mantenido recién una charla telefónica a manos abiertas con él y la situación en Ecuador se encuentra bajo control.

Yo quiero darles a todos la bienvenida y luego solicitarles a los señores periodistas que una vez que tomen las muestras fotográficas puedan permitir que podamos sesionar, lo vamos a hacer en forma reservada porque debemos analizar la situación por la que está atravesando Ecuador y ha atravesado y agradecerles a todos ustedes la presencia.

Muchas gracias. Luego daremos a conocer seguramente, al finalizar la reunión un documento que emitiremos los presidentes.

La Declaración de UNASUR


UNASUR

Declaración de Buenos Aires sobre la Situación en Ecuador


Reunión Extraordinaria del Consejo de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión de Naciones Suramericanas


Las Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la UNASUR, reunidos en el Palacio San Martín en Buenos Aires, República Argentina el 1º de octubre de 2010,


1.- Reafirman su fuerte compromiso con la preservación de la institucionalidad democrática, el estado de derecho, el orden constitucional, la paz social y el irrestricto respeto a los derechos humanos, condiciones esenciales del proceso de integración regional.

2.- Condenan enérgicamente el intento de Golpe de Estado y el posterior secuestro del Presidente Rafael Correa Delgado registrado en la hermana República del Ecuador el 30 de septiembre.

3.- Celebran la liberación del Presidente Correa Delgado así como la pronta vuelta a la normalidad institucional y democrática en la hermana República.

Expresan la necesidad de que los responsables de la asonada golpista sean juzgados y condenados. En ese marco, reiteran su más pleno y decidido respaldo al Gobierno Constitucional y destacan el rol desempeñado por las instituciones para el restablecimiento del orden constitucional.

4.- Afirman que sus respectivos Gobiernos rechazan enérgicamente y no tolerarán, bajo ningún concepto, cualquier nuevo desafío a la autoridad institucional ni intento de golpe al poder civil legítimamente elegido y advierten que en caso de nuevos quiebres del orden constitucional adoptarán medidas concretas e inmediatas tales como cierres de fronteras, suspensión del comercio, del tráfico aéreo y de la provisión de energía, servicios y otros suministros.

5.- Deciden que sus Cancilleres se trasladen en el día de hoy a la ciudad de Quito para expresar el pleno respaldo al Presidente constitucional de la República del Ecuador, Don Rafael Correa Delgado y al pueblo ecuatoriano, partícipe indispensable del pleno restablecimiento de la institucionalidad democrática en ese país.

6.- Acuerdan adoptar, en la IV Reunión Cumbre Ordinaria de Jefas y Jefes de Estado y de Gobierno de la Unión de Naciones Suramericanas, a celebrarse el 26 de noviembre en Guyana, un Protocolo Adicional al Tratado Constitutivo de la UNASUR que establezca la Cláusula Democrática.



La declaración fue entregada a la prensa cuando eran las 3 de la mañana del viernes 1 de octubre; en la tarde del mismo día Cristina encabezaba el acto de inauguración de la Universidad en José C. Paz. En una conferencia de prensa previa informó a los periodistas


PRESIDENTA.- Ya ha partido nuestro canciller con los cancilleres de Colombia, de Uruguay y de Chile, en otros vuelos fueron el de Brasil, Guyana, en otro vuelo fue el resto de los países, así que estamos esperando que lleguen a Quito para que allí puedan darnos un cuadro de situación in situ. El de ayer fue un día muy difícil, con imágenes y con cosas... por ahí las voy a twittear. Ayer realmente estuve todo el día prendida a los teléfonos, no paré de hablar, creo que debo haber batido récord de teléfonos ayer, porque era comunicarnos entre unos y los otros todo el tiempo, porque además las informaciones eran contradictorias, en fin, fueron momentos muy difíciles, pero lo que yo quiero rescatar es el inmenso valor del presidente Correa, el inmenso valor del pueblo, su canciller Patiño que estuvo junto a él y recibió un palazo en la cabeza también en el hospital. Y además el llamado de atención, porque muchos cuando pasó lo de Honduras nos criticaban porque habíamos ido a apoyar a Zelaya y que parecía una cosa exótica. Nosotros decíamos que esto podía volver a pasar, y la verdad que volvió a pasar, porque nadie puede creer que lo de ayer fue un auto acuartelamiento de la Policía.


PERIODISTA.- (Inaudible)


PRESIDENTA.- No, no estuvimos todos los presidentes, además creo que todos ustedes escucharon las palabras del presidente, aparte todos ustedes vieron el copamiento de un canal de televisión estatal, donde uno de los que aparentemente estaba entre los manifestantes era el apoderado de un dirigente político de la oposición. Estas cosas no se hacen si no tienen andamiaje y apoyaturas en sectores políticos y en sectores institucionales, porque también no se nos escapa que -es lo que vimos por lo pronto- la pista de Quito no era tomada por la Policía, fue tomada por personal de las Fuerzas Armadas. Así que yo creo que todos aquellos que tenían una visión naif de lo de Honduras, todos aquellos que se apresuraron a reconocer al gobierno de Honduras, yo lo reafirmé hoy, nosotros no vamos a reconocer a ningún gobierno que no surja del voto popular, en elecciones libres, sin proscripciones y respetando todos los mandatos constitucionales. Teníamos razón, ayer hubo un intento. ¿Saben por qué ayer no pasó nada? Porque hubo un presidente con una inmensa valentía. Si hubiéramos estado oltri tempi, otros a lo mejor hubieran capitulado.


PERIODISTA.- Presidenta: ¿le pareció que lo de Honduras era de otra manera? ¿Usted lo ve así?


PRESIDENTA.- Exactamente, con más grotesco, con fuerzas policiales, también con partidos políticos de la oposición. En Honduras fue un golpe institucional, de una institución a otra institución que era la que tenía la responsabilidad popular de conducir el país, con lo cual vemos las distintas formas. Ya no podemos imaginar los golpes de Estado como fueron -los que somos más grandes lo recordamos- con una asonada militar, un comunicado, se cerró el Parlamento. No, no, ahora todo aparentemente sigue igual, todo aparentemente sigue funcionando, solamente hay que sacar a un costado a los presidentes o presidentas que molestan determinados intereses, con cierto viso de legalidad, con cierto viso de prolijidad como se hizo en Honduras, como ayer. Yo vi la desesperación de Rafael Correa cuando quería explicarles a la gente, a los que estaban allí, a los policías, que en realidad estaban ganando con él mucho más de lo que ganaban antes; cuando él reconoce que los policías no habían leído la ley, cómo son manipulados, cómo son manejados. Rafael Correa habló de la prensa, le puso una calificación y una adjetivación que yo no la voy a poner pero está en los registros periodísticos. También habló de la oposición en complicidad con esa prensa y con el golpe y la conspiración, también la calificó -yo no la voy a calificar porque está la palabra de él- pero me parece que es una fotografía que podemos ver no solamente en Ecuador. Muchas gracias.

martes, 6 de octubre de 2020

A diez años del intento golpista en Ecuador

 En la mañana del jueves 30 de septiembre de 2010 se produjo el amotinamiento de la policía ecuatoriana y de efectivos de la Fuerza Aérea contra el presidente Rafael Correa. El primer mandatario fue secuestrado por los golpistas y el pueblo se movilizó exigiendo su liberación y el restablecimiento de la democracia. Durante varias horas se libró una lucha dramática contra los amotinados tanto dentro como fuera del país.

Los policías contra el Gobierno

Aparentando un reclamo económico los policías sublevados abandonaron la protección de las ciudades, bloquearon carreteras e impidieron el ingreso al Congreso en Quito. Simultáneamente elementos de la fuerza aérea bloqueaban las pistas del aeropuerto para impedir que el avión y el helicóptero presidencial pudieran ser utilizados. La poderosa prensa opositora incrementó su despliegue propagandístico y presentó a los amotinados como honestos servidores públicos cuyos legítimos reclamos eran desoídos por el Gobierno. Aprovechando la falta de vigilancia policial en las calles (y seguramente inducidos por los propios golpistas) en distintos puntos del país comenzaron a producirse saqueos. En una entrevista concedida a Ignacio ramonet diría el presidente:

“¿Puede usted entender que a las ocho de la mañana se declare en paro la Policía, y a las nueve ya haya saqueos masivos en Guayaquil?”

Rafael Correa se encontraba convaleciente de una operación en su rodilla, a pesar de eso y ayudándose con una muleta se dirigió hacia el cuartel de policía donde se habían concentrado los amotinados. Era media mañana y el presidente se presentó en el mismo corazón de la revuelta para reclamar que los insubordinados depusieran su actitud. Aunque la excusa de los golpistas era un supuesto reclamo salarial no mostraron ningún interés por negociar con la máxima autoridad del país. Apenas Rafael se hizo presente comenzaron a gritarle: “Mueran los comunistas”, “Afuera Cuba y Venezuela”, “Viva Lucio Gutiérrez “, y lanzaron bombas de gas lacrimógeno contra él.

“Nos recibieron con una violencia extrema. Al principio nos echaron una bomba lacrimógena, no pudimos entrar. Pero yo me dije: “es algún desadaptado”. Nos ha pasado otras veces, puede haber cinco mil personas a favor, y cinco desadaptados lanzan una bomba lacrimógena; no por eso vamos a perjudicar a los cinco mil”.

En su afán por desactivar la protesta Rafael regresó al cuartel policial, fue entonces cuando los amotinados recibieron la orden de atraparlo. La guardia presidencial tuvo que retirarlo hacia el cercano hospital policial y hasta allí lo persiguieron los amotinados. Con el edificio rodeado se volvió imposible su evacuación, la patota enardecida evidenció que su interés no era económico sino destituyente. Desde una ventana el presidente se mostró indoblegable, avisó a los golpistas que no habría marcha atrás con la aplicación de las leyes, que de allí saldría presidente o cadáver y que si querían podían matarlo.

Pero los policías eran solamente los autores materiales del intento destituyente, detrás de ellos estaban los que se paseaban por los estudios televisivos recitando el libreto aprendido en los “cursos del buen golpista”; toda la culpa era del presidente, había colmado la paciencia de los uniformados y estos reclamaban sus derechos de modo enérgico. Pero ni siquiera estos últimos voceros eran los verdaderos autores intelectuales, apenas si reproducían los argumentos elaborados por los que operaban desde las sombras. La National Endowment for Democracy (NED), creada por el Congreso estadounidense en 1983 con la declamada intención de promover la democracia en el mundo, había destinado más de un millón de dólares a Ecuador. Tan importante inversión económica tenía como objetivos “desarrollar campañas de denuncias de supuestos casos de corrupción, y promover líderes opositores y estudiantiles”. Sus aventajados alumnos eran quienes manejaban los hilos de la conspiración.

Poco después del mediodía Rafael –a pesar de encontrarse cercado por los amotinados- decretó el estado de excepción, ordenó que todas las radioemisoras se integraran en cadena nacional y movilizó a las fuerzas armadas para que terminaran con el intento golpista.

El pueblo en la calle

Al divulgarse la noticia del intento destituyente y el secuestro del presidente se inició la movilización popular. Los manifestantes se dirigieron hacia el palacio presidencial y el cuartel donde los amotinados retenían a Rafael Correa. Ya para entonces todos los límites habían sido sobrepasados y no cabía duda que los policías usarían sus armas contra el pueblo. Cuando los defensores del gobierno llegaron ante el cuartel de policía fueron recibidos con gases lacrimógenos y descargas de armas de fuego. El número oficial de muertos fue relativamente bajo, pero la cantidad de heridos fue enorme, uno de ellos fue el canciller Ricardo Patiño

Los propagandistas del golpe reprocharon la “imprudencia” de canciller al formar parte de las columnas que buscaban rescatar al presidente. No es que les interesara proteger la vida del alto funcionario gubernamental, tampoco les interesaba la del primer mandatario, lo que indignaba a los amotinados era la fusión en las calles del pueblo y su gobierno. Los manifestantes se concentraron por miles portando banderas y gritando; "Esto no es Honduras, Correa es presidente". La consigna evocaba lo ocurrido con Manuel Zelaya un año antes cuando los golpistas hondureños secuestraron al presidente en su propio domicilio y lo trasladaron hasta una base militar antes de expulsarlo del país.

“… Salieron decenas de miles de personas a las calles exponiendo sus vidas. Porque usted no se imagina, Ignacio, la brutalidad con la que actuaron los golpistas. Eran bandas de motociclistas enmascarados disparando al aire, baleando ambulancias, golpeando a ciudadanos, arrastrándolos por las calles… Pese a eso, los ciudadanos seguían saliendo, y no sólo en Quito, sino en todas partes del país y del exterior, delante de nuestras embajadas. Hubo una reacción multitudinaria, más aún si consideramos que el Gobierno todavía no dispone de ese movimiento político bien organizado y con capacidad de movilización”.

La presencia popular fue determinante a la hora de frenar el intento destituyente. En el plan de los golpistas estaba convocar a la movilización de las capas medias de la sociedad, provocar desmanes durante tres o cuatro días, debilitar al gobierno y forzar su renuncia o destitución. El propio abogado del ex presidente Lucio Gutiérrez fue uno de los que trató de entrar por la fuerza a las instalaciones de la Televisión Nacional para llamar a la insurrección. Y el movimiento indígena Pachakutik en medio de la crisis hizo pública su convocatoria al “movimiento indígena, movimientos sociales, organizaciones políticas democráticas, a constituir un solo frente nacional para exigir la salida del presidente Correa”.

“Usted sabe que la CIA y todas estas agencias actúan con agenda propia (…) De lo que sí tenemos certeza, es que hay todos estos grupos de extrema derecha, estas fundaciones que financian a los grupos que conspiran contra nuestro Gobierno, les pasan dinero en forma camuflada, capacitaciones, unos nombres rimbombantes que, finalmente, financian a grupos opositores al Gobierno y a muchos conspiradores.”

Pero el pueblo en la calle levantó una sólida barrera para detener a los golpistas.

El periodismo de guerra

Durante toda la mañana la prensa opositora siguió transmitiendo a su antojo; el presidente había sido agredido y se encontraba secuestrado, radios y canales televisivos afines a los amotinados proporcionaban una versión distorsionada de los hechos, sólo la reducida prensa oficial daba cuenta de la magnitud del levantamiento. Recién a las 14 se inició la cadena nacional para impedir que la oposición continuara transmitiendo información tóxica. Este “ataque a la libertad de expresión” escandalizó a los sublevados, los más exaltados se dirigieron hacia la emisora estatal que centralizaba la transmisión. Exigían seguir difundiendo sus proclamas a través de los medios oficiales, al no ser satisfechos quisieron derribar las Atenas de transmisión.

Rafael calificaría a esta prensa subversiva como “conspiradores permanentes, perros guardianes del statu quo, algo que no es nuevo ni en Ecuador ni en América Latina”. No le faltaba razón, la Sociedad Interamericana de Prensa y los oligopolios mediáticos del continente estaban alineados con los dueños de la prensa hegemónica ecuatoriana. Esta última estaba en pie de guerra porque siempre se había comportado como un poder omnímodo y ese privilegio había sido cuestionado por el gobierno de Rafael. En la campaña electoral que lo llevó al poder había propuesto llamar a una asamblea constituyente, y en la Constitución de 2008 que surgió de aquella Asamblea se prohibió que grupos financieros poseyeran medios de comunicación.

“Quitarle al sector financiero los medios de comunicación es un cambio real en las relaciones de poder. Antes, en este país, ¿qué podía hacer usted contra la banca? Si la banca, de los siete canales nacionales de televisión, poseía cinco… Y los otros dos, los controlaba mediante la publicidad. O sea que si usted quería legislar sobre tasas de interés, tenía una campaña permanente de ‘atentado a la propiedad privada, a ‘la iniciativa privada’, a ‘la libre empresa’; y los dos canales que no eran de la banca tenían que quedarse calladitos porque, si no, perdían publicidad… Era un poder enorme.”

La banca, los medios hegemónicos y los discípulos de la National Endowment for Democracy integraban la asociación que estaba detrás del golpe contra Rafael Correa.

El rescate del presidente

El reducido número de efectivos que formaba la guardia de seguridad del presidente había conseguido llevarlo hasta el hospital contiguo al cuartel. Atrincherados en el tercer piso de ese edificio esperaron que los amotinados depusieran su actitud. En lugar de eso algunos sublevados quisieron tomar por asalto ese refugio. En esas circunstancias Rafael pidió una pistola a sus compañeros para participar también de la defensa, aunque reconocía su inexperiencia en el manejo del arma no estaba dispuesto a dejarse matar mansamente.

“Por supuesto que ahí sentimos que estaban en peligro nuestras vidas… Como también cuando trataron de rescatarnos. Se fueron las luces, empezó el tiroteo, y sentíamos las balas encima de nuestras cabezas”.

Ya era de noche cuando se inició la operación de rescate por parte de fuerzas del Ejército y el Grupo de Operaciones Especiales de la policía. El tiroteo con los amotinados duró alrededor de veinte minutos y pudo seguirse en directo por los distintos canales de televisión. Mientras Rafael era conducido a un automóvil para ser evacuado, las fuerzas leales trataban de mantener a raya a los sublevados. A pesar de esa protección el vehículo presidencial recibió cerca de media docena de impactos.

Durante cerca de diez horas Rafael estuvo prisionero de los golpistas, fue agredido físicamente ya antes de ser secuestrado, los disparos contra el automóvil presidencial eran prueba evidente del intento de magnicidio. Desde la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América hasta la Organización de las Naciones Unidas, pasando por la UNASUR y la OEA, todos condenaron el intento golpista. Pero los complotados y sus cómplices (tanto dentro como fuera de Ecuador) se refirieron a la asonada como “crisis institucional”. Arturo Valenzuela, subsecretario de Estado de Asuntos Interamericanos, fue todavía más lejos, calificó lo ocurrido como una “indisciplina policial”, casi como si hablara de una travesura infantil.

Tras su liberación Rafael se dirigió al palacio presidencial, una multitud lo esperaba para brindarle su apoyo. Durante la tensa jornada había reiterado que no se doblegaría, y allí estaba, frente a su pueblo, para mostrar que había cumplido con su palabra.

También los presidentes sudamericanos reunidos en la UNASUR habían cumplido con sus pueblos. Pero eso lo veremos en la próxima entrega.

martes, 29 de septiembre de 2020

TYSAE y CIDH en septiembre de 1979

 Ya antes de la dictadura el terrorismo de estado iba en aumento, junto a las fuerzas represivas oficiales se movían las parapoliciales. No había casi diferencias entre las distintas patotas, todas parecían competir por mostrase más feroces y crueles con las víctimas. Cuando llegó el 24 de marzo de 1976 las atrocidades y los crímenes se multiplicaron en forma vertiginosa. No se estaba seguro en ninguna parte, escapar del país se transformó en la última opción.

Cada vez fueron más los que marcharon al exilio, familias enteras salieron del país en busca de un refugio. Una vez fuera se formaron colonias de connacionales, la asociación más elemental para brindarse mutuo apoyo e información en el nuevo lugar de asiento. Algunos iban con un contacto, otros habían oído hablar del ACNUR, muchos fueron aprendiendo a ubicar los sitios donde conseguir asistencia sanitaria, alimenticia o un albergue transitorio. Para todos lo primero fue sobrevivir, para un buen número fue importante recuperar el contacto con sus compañeros de militancia, entre ellos para los trabajadores y sindicalistas en el exilio.

En 1978 los ojos de todo el mundo estuvieron puestos sobre Argentina; la celebración del Campeonato Mundial de Fútbol brindó la oportunidad para que los exiliados intensificaran su tarea de denuncia, con ese antecedente se convocó a un encuentro de trabajadores y sindicalistas argentinos para reunirse en París. El encuentro tuvo lugar a fines de agosto y de allí surgió el llamamiento a todos los sindicalistas en el exilio para que se integraran al accionar común de solidaridad con la clase obrera y el pueblo argentino. A ese primer encuentro siguió un segundo celebrado en Turín en enero de 1979 y el tercero que tuvo lugar en Ámsterdam a fines de septiembre del mismo año.


Para entonces la dictadura había empezado a mostrar fisuras, tras la imagen de firmeza monolítica existían múltiples contradicciones internas. Los distintos sectores económicos y políticos que le habían dado sustento comenzaron a pelearse entre sí. Para cohesionar a todas las fuerzas militares inicialmente se repartió el aparato estatal en partes: un tercio para el Ejército, un tercio para la Marina y un tercio para la Aeronáutica. Fue como una UTE, una unión transitoria de empresas, que duró mientras el negocio pareció floreciente. Pero también hacia el interior de cada fuerza afloraron peleas por ambiciones insatisfechas y compromisos incumplidos. Se habló de conflictos entre “halcones” y “palomas”, entre “duros” y “blandos”, denominaciones que más bien parecían licencias idiomáticas que reflejo de lo que cada sector representaba en la realidad.

Precisamente en septiembre de 1979 llegó al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y esto fue un motivo más de conflicto entre los militares. Estaban los que se negaban de plano a esa visita, del otro lado se ubicaban los que querían aprovechar el éxito en el Mundial de Fútbol para presentar una imagen de apoyo popular a la dictadura. En este bando militaban el propio Jorge Rafael Videla y su sucesor, Roberto Eduardo Viola. No es que los “blandos” fueran menos criminales que los “duros”, lo que los enfrentaba era una cuestión de conveniencia política.

La visita de la CIDH fue una bocanada de aire puro para los presos, sus familiares y los organismos de derechos humanos. Las víctimas de la dictadura esperaban ser escuchadas, y los represores harían todo lo posible para sabotear la tarea.

El 6 de septiembre llegó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, durante dos semanas realizó una enorme actividad que quedaría plasmada en un lapidario informe sobre las atrocidades cometidas por la dictadura.

Visitaron las cárceles de Devoto, Caseros, Resistencia, Rawson, la Unidad 9 de La Plata, Olmos, Magdalena y la cárcel de Córdoba. El mandamás de la provincia, Luciano Benjamín Menéndez, se puso furioso porque los integrantes de la CIDH también fueron al Campo de la Ribera y La Perla. No fueron los únicos centros clandestinos que visitaron, también estuvieron en Coordinación Federal, el Olimpo y la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).


Apenas si había pasado una semana de la partida de la CIDH cuando Luciano Benjamín Menéndez, el comandante del III Cuerpo de Ejército, se amotinó contra el Comandante en Jefe, Roberto Viola, e indirectamente contra el propio Videla. Concentró sus fuerzas en el norte cordobés esperando la llegada de otros amotinados que lo acompañarían en su cruzada. Debía imaginar una marcha épica y una entrada triunfal en la ciudad provincial. Era un golpista contra otros golpistas que en su proclama los acusaba: "No se ha cumplido el compromiso de erradicar definitivamente la subversión, cerrando el camino al futuro resurgimiento del marxismo en el país". Entre otras cosas criticaba la visita de la CIDH, la liberación de Jacobo Timmerman y la posible autorización para que el ex presidente Héctor Cámpora pudiera exiliarse. Menéndez se consideraba a sí mismo como el abanderado de la lucha antisubversiva, había mostrado que podía ser el más sanguinario de los represores y criticaba a Viola por su blandura. Pero su intento golpista fracasó y fue pasado a retiro.


Al mismo tiempo que en Córdoba se producía el alzamiento de Menéndez en Ámsterdam se realizaba el III Encuentro Internacional de los Trabajadores y Sindicalistas Argentinos en el Exilio. El intento de golpe dentro del golpe fue un motivo de preocupación para los 29 delegados que representaban a los grupos organizados en Suecia, Francia, Holanda, Bélgica, Gran Bretaña, Italia y España. Alertaron “a la opinión pública internacional sobre el peligro que podía derivar del incidente para la vida de los miles de prisioneros políticos”. Esa preocupación se plasmó en una declaración que reclamaba "de los pueblos y gobiernos de todo el mundo la solidaridad de acción efectiva para evitar una posible masacre, detener la continuación del genocidio y la violación de los derechos humanos".

Fue una nueva demostración de que el compromiso asumido por los Trabajadores y Sindicalistas Argentinos en el Exilio se mantenía inalterable. Se adoptaron una serie de medidas organizativas y se votó un plan de trabajo internacional a realizarse en forma simultánea en todos los países donde TYSAE tenía presencia. El objetivo fue reforzar la campaña por la libertad de dirigentes sindicales presos y secuestrados. Este trabajo solidario complementaba el que familiares y organismos de derechos humanos realizaban dentro del país y que encontraría su reflejo en el informe que la CIDH daría a conocer al año siguiente.

De este último documento, y a modo de ejemplo, se reproduce el fragmento contenido en el capítulo VIII

“Entre los numerosos dirigentes y activistas sindicales que han sido víctimas de la situación expresada deben mencionarse al profesor Alfredo Bravo, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de la Educación, que estuvo desaparecido, luego detenido, más tarde sujeto a un régimen de libertad vigilada y después de varios meses puesto en libertad; a Lorenzo Miguel, Secretario General de la Unión Obrera Metalúrgica, y de la entidad denominada "Las 62 Organizaciones", quien fue detenido y luego puesto bajo el régimen de arresto domiciliario y en el que aún se le mantiene; Alberto Piccinnini, Secretario General de la Unión Obrera Metalúrgica de Villa Constitución detenido desde 1975 en la aislada cárcel de Rawson, destinada a presos calificados de mayor peligrosidad; Eduardo Jozami, abogado, Secretario General de la Federación de Periodistas, detenido desde 1975, actualmente en Rawson, condenado a ocho años por un Tribunal Militar; Francisco Virgilio Gutiérrez, Delegado General del Gremio Metalúrgico, detenido desde 1975, habiéndosele negado el derecho de opción de salida del país, a pesar de que su causa fue sobreseída por la Cámara Federal de La Plata; Juan Remigio Arguello, Luis Francisco Iglesias y Jorge Varela, dirigentes del sector bancario; Miguel Angel Barrionuevo y Héctor Candepadós, detenidos en la Unidad 9 de La Plata; Carlos Enrique Correa Gutiérrez, antiguo Secretario General de la Asociación de Trabajadores del Estado, quien fue detenido y puesto a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en junio de 1976, y condenado después a siete años de prisión en la Unidad Carcelaria de Caseros; Diego Sebastián Ibañez, Secretario General del gremio petrolero, arrestado en marzo de 1976, y desde entonces recluido en la cárcel militar de Magdalena; José Palacios, miembro directivo del Departamento de Laicos del CELAM y miembro del Consejo del Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos de Bruselas/Bélgica, desaparecido en Caseros, Provincia de Buenos Aires, el 11 de diciembre de 1975; Jorge Di Pascuale, Secretario General de la "Asociación de Empleados de Farmacia", desaparecido en Buenos Aires el 29 de diciembre de 1975; Roberto Repetto, miembro directivo de la "Unión del Personal Civil de la Nación" (UPCN), desaparecido en Buenos Aires el 25 de marzo de 1978; Oscar Smith, Secretario General del "Sindicato de Luz y Fuerza" de Buenos Aires, desaparecido en Buenos Aires en febrero de 1976; Nabor Gómez, dirigente de la "Asociación Bancaria", Seccional de Córdoba, desaparecido en esa ciudad en 1975; Héctor Oberlin, dirigente de base del "Sindicato de Trabajadores Municipales de Córdoba", desaparecido en la misma ciudad en 1976; Angel Badarracco, dirigente de base del "Sindicato de Trabajadores Municipales de Córdoba", desaparecido junto en el anterior, de quien es cuñado, en 1976; Julio Guillan, Secretario General del "Sindicato de Obreros y Empleados Telefónicos" de Buenos Aires; Walter Medina, miembro de la "Federación Argentina de Trabajadores Rurales"; Jesús María Torres, dirigente Poblacional y Cooperativista de Córdoba"; José Emilio Lumello, Secretario General del "Sindicato de Trabajadores de Aguas Gaseosas" de Córdoba; Antonio Guerrero, dirigente de la "Asociación Argentina de Trabajadores Radiotelegrafistas" de Tucumán y ex-Diputado nacional; Héctor Pérez, Delegado Regional de la Confederación General del Trabajo y Secretario General del Sindicato de Alimentación de Tucumán; y Carlos Mendoza, Vice-Gobernador de Mendoza, dirigente metalúrgico.”

sábado, 26 de septiembre de 2020

Conversación en el café

Con Héctor Mango

Conversación en el café

 

Héctor Mango fue Secretario General del Sindicato Buenos Aires de FOETRA entre 1965 y 1969. En esa época las elecciones en el sindicato se hacían cada dos años, él integró la Lista Marrón que ganó en abril de 1965. Al año siguiente se produjo el golpe de estado que derrocó a Illia, la autotitulada “Revolución Argentina” instaló la dictadura del general Juan Carlos Onganía, comenzó un período de duros ataques al movimiento obrero. Finalmente la CGT convocó a un paro general para el 1 de marzo de 1967, y la dictadura aprovechó para mostrar toda su ferocidad cuartelera. Nuevos sindicatos represaliados se sumaron a los que ya habían sido golpeados. El sindicato Buenos Aires de FOETRA estuvo entre los que vieron suspendida su personería, no pudieron realizarse las elecciones previstas para 1967, esos comicios fueron postergados hasta fines de octubre de 1969.

Aunque habíamos militado en agrupaciones rivales, Mango y yo siempre tuvimos una buena relación personal, en enero de 2015 nos encontramos para hablar de viejos tiempos y tomar un café.

Me contó que había ingresado en Teléfonos del Estado en 1952 cuando tenía 16 años.


“Fue en la mesa de pruebas de la oficina Devoto, el delegado general era un buen tipo de apellido López. También estaba el Ateneo Peronista donde el dirigente era Cansiani. Había una puja entre el Ateneo y el sindicato. Yo no me afilié a ninguno de los dos, por entonces no tenía ningún interés en la política, lo que me interesaba era jugar al fútbol e ir a bailar. Mi viejo era un tano analfabeto, y tanto él como mi madre simpatizaban con el peronismo, aunque nunca habían militado en nada”

Se rio al decir: “Yo también hice el 17 de octubre”, y recordó que tenía 9 años cuando vio pasar por la calle Triunvirato una manifestación de unas 400 personas. “Yo no sabía nada de nada, pero me fui tras ellos. Seguimos hasta Girardot, en una fábrica estaban trabajando, y los que encabezaban la columna les gritaron para que dejaran de hacerlo”. Como si necesitara justificarse agregó: “Yo era pibe, me volví para mi casa”.

Continuó recordando que entonces Triunvirato tenía un boulevard en el centro por donde pasaba el tranvía. “Después, en la tarde, pasó otra manifestación más chica, tal vez unas 50 personas. De nuevo me enganché y los seguí hasta Chacarita. Desde allí pegué la vuelta. Y en la noche, en lo de un vecino que tenía radio, escuchamos el discurso del coronel”.


Todos los chicos del barrio iban a la misma escuela, en su evocación dijo que por allí no existían colegios privados, “y en la tardecita nos juntábamos en la esquina”

“Después empecé a trabajar en el taller de un ruso, un judío que tenía unos cuantos telares, porque entonces en todas las casas del barrio había un telar. Eso duró hasta 1951, vino una crisis fuerte en la industria textil, y me quedé sin trabajo”. Un vecino le sugirió que le escribiera una carta a Nicolini “que era Secretario o Ministro”, otro vecino se la hizo llegar, “y así fue como ingresé a Teléfonos del Estado”.

Cuando llegó el ’55 y se produjo el bombardeo, con un amigo se fueron para la CGT. “Recuerdo como si fuera hoy a los aviones que venían volando sobre Independencia y ametrallando a la gente. No podía creer que fueran tan hijos de puta; a partir de eso me afilié al sindicato”.

“Estaba muy indignado, aunque nunca me había interesado, también me fui hasta el local de la Juventud peronista que estaba por la calle Charcas. El partido a nivel nacional había sido intervenido, el interventor era Leloir; y en el distrito Capital el interventor era John William Cooke. Para intervenir la Juventud se había designado al doctor Framinián, que era un buen tipo. Allí conocí a Carlos Gallo, que venía trabajando con el “profesor González”, que era realmente profesor, pero de educación física”.

“Recuerdo que antes del ’55 se habían realizado elecciones en el sindicato, participaron por lo menos dos listas peronistas , una era 17 de Octubre, y la otra, Renovación”.


La dictadura encabezada por el binomio Aramburu-Rojas intervino todos los sindicatos y la Confederación General del Trabajo.


“Cuando en el año 1956 se preparaban las elecciones para la normalización en el Sindicato, un muchacho amigo, Matías Bellavista, me propuso que nos acercáramos a una reunión de compañeros peronistas que se juntaban en el Sindicato Argentino de Prensa. Allí conocí a Jonch, aunque la figura principal era Jorge Lupo, quien había sido agregado obrero en una embajada argentina; era el candidato natural para encabezar nuestra lista, pero fue inhabilitado por el interventor en el sindicato”.


Lo anecdótico fue que en otro sindicato, el de panaderos, pudo participar un hombre que también había sido agregado obrero, Pedro Conde Magdaleno, por eso Mango terminó enviando una carta a la revista Qué, denunciando la discriminación.


“El primer candidato de nuestra lista fue un compañero de Valentín Gómez, de apellido Gallino, el segundo de la lista fue el delegado general de Cuyo, uno que prometía traer una carrada de votos. Era una chantada, perdimos la elección, habíamos creído que la ganábamos fácil, y la gente de Valente nos ganó limpiamente”.

“Después, con Jonch y otros muchachos –no éramos muchos- formamos una célula peronista dentro del gremio, hasta que después de la huelga del ’57 nos convencimos que el esfuerzo había que ponerlo en ganar el sindicato para incorporar al movimiento obrero al movimiento peronista”.


Mientras estuvieron en ese trabajo clandestino (“tenía que ser necesariamente así porque si no íbamos en cana”), el encargado de citar a los pocos compañeros que se reunían era Mango. Cuando llegó el 57 y le tocó hacer el servicio militar (“14 meses en la aeronáutica”), le dijo a jonch que él se encargara de hacer ese trabajo.


“1957 fue el año de la huelga en telefónicos, aunque yo estaba haciendo el servicio militar, igual fui a hablar en una asamblea del gremio. Te imaginás, yo estaba todo pelado, para que no se dieran cuenta estuve todo el tiempo con una gorrita, y desde las tribunas había unos que me gritaban que me sacara la gorra para hablar”.


Varias veces se detuvo como para recordar mejor, sabiendo de mi interés por la mayor rigurosidad había llevado algunos apuntes. Me sorprendió un poco cuando dijo:


“No sé por qué te digo esto, pero para mí es importante. Para nosotros el viejo Valente era un gorila, había llegado al sindicato con la intervención del ’55… esas antinomias… Pero Valente era vecino de mi barrio, después me lo encontré varias veces por Triunvirato, terminé visitándolo en su casa. Vivía en un lugar muy modesto, muy modesto. Charlamos mucho… y para mi dejó de ser un gorila, tal vez nunca lo había sido. Incluso como dirigente gremial fue ejemplar, se bancó el reclamo de aumento que pedía la asamblea, algo que era inalcanzable, pero cumplió con el mandato y no levantó la huelga”.


Me quedé en silencio pensando que Pascual Masitelli me había dicho algo muy parecido cuando le pedí información sobre la Huelga de 1957: “Valente como hombre de principios defendió la huelga como ninguno”. El juicio de Masitelli podía estar distorsionado por ser compañero de militancia de Valente, pero lo que dijo Mango resultaba una confirmación de aquellas palabras.


“Valente había sido un dirigente gremial que había estado en la huelga telefónica de 1932, un gran dirigente. Cuando murió faltaban manos para llevar el cajón, y yo estuve allí; no fuimos amigos, pero nos respetábamos muchísimo. Después su hijo me dijo: “Tengo un libro, Luchas y conquistas, que Gay le dio a mi padre; no sé si otras personas se lo merecen, pero vos merecés tener ese libro”. Y es uno de los tesoros que siempre conservo, por él, y tal vez un poco por Gay”.

“Antes yo te dije en broma que había hecho el 17 de octubre, pero Luis Gay y Cipriano Reyes sí que tuvieron mucho que ver con el 17 de octubre. Después vino lo que vino, pero esa es otra historia…”


En esa conversación, como ocurre casi en cualquier conversación de café, saltamos de un tema a otro, íbamos y veníamos con la guía de su memoria. Yo intercalaba algunas preguntas y cada tanto debía detener el grabador cuando él quería hacer alguna acotación muy personal o cuando revolvía entre sus apuntes.


“En 1965 ganamos las elecciones del sindicato, Agustín Cuello encabezaba la Lista, pero cuando se hizo el congreso de FOETRA él fue elegido como Secretario General de la Federación, se fue a Ambrosetti, y yo quedé al frente del Sindicato Buenos Aires. En ese tiempo la lista no venía con los cargos tan definidos como ahora, los miembros de Comisión Administrativa éramos 15 y, al menos en teoría, cualquiera de nosotros podía ser designado como Secretario General. En la primera reunión de la Comisión se hacía la distribución de cargos, se cubrían las distintas secretarías, y los demás quedaban como vocales. Por supuesto, se daba por sobreentendido que el orden en la lista indicaba una cierta prioridad, pero la asignación de funciones era prerrogativa del conjunto de la Comisión”.

“Hace un tiempo en el Sindicato me convocaron para aportar información porque pensaban escribir una historia. YO les llevé todo el material que tenía, listas, comunicados, periódicos; hasta un convenio del año 1929. Me pareció que era el lugar más lógico para que estuviera todo eso, no sé qué uso le dieron, pero me quedé sin los documentos. Algunas anotaciones conservo, porque a veces la memoria falla”.


El comentario tenía que ver con una pregunta que le hice sobre elecciones y listas. Durante la dictadura todo mi archivo fue destruido o robado. Quise saber si él tenía datos que me permitieran llenar algunos vacíos.


“Hay quienes no le dan importancia a esas cosas, me acuerdo que en la Federación estaban todos los periódicos de FOETRA; pero un día asumió como secretario de organización Gerónimo Calvo, y una de las primeras medidas que tomó fue tirar todo eso a la basura. ¿Por qué? Tal vez porque creía que organización era deshacerse de los papeles viejos o cambiar los pocillos de lugar”.


Era casi mediodía cuando salimos del café; antes de levantarnos Mango hizo otro comentario:


“En un libro de documentos de la resistencia peronista, de Roberto Baschetti, aparece una carta de John William Cooke como secretario de Acción Revolucionaria Peronista para dos dirigentes del Sindicato Buenos Aires de FOETRA. Los dos dirigentes figuran con las iniciales HM y JF, el primero soy yo, y JF es José Ferreri. Creo que la fecha que figura aquí está equivocada, la carta debió ser de fines de 1967…

“John William Cooke era como un ícono para un sector importante del peronismo, pero cuando murió y se cremaron sus restos, junto a Alicia Eguren estábamos sólo unos pocos compañeros”.


Estuvimos casi dos horas en ese café de Avenida Pueyrredón entre Lavalle y Corrientes, mientras caminábamos hasta la parada del colectivo recordó viejos tiempos por esa zona cerca del sindicato. Quedaron muchas preguntas pendientes y estuvo de acuerdo en que volviéramos a encontrarnos, como para terminar de convencerlo le dije que la próxima vez lo invitaría al café de la calle Austria donde iba Perón cuando era presidente.

Después pasó el tiempo, otras ocupaciones fueron haciendo postergar el encuentro, su salud se deterioró y ya no volvimos a vernos. Un compañero me avisó que en este otoño Héctor Mango había fallecido.


La carta de Cooke dirigida a los dirigentes telefónicos figura en el libro de Baschetti, Documentos de la resistencia peronista, 1955-1970, volumen 1. página 327.

jueves, 24 de septiembre de 2020

Dos buenos amigos

 La semana pasada Jorge Grilli, un gran compañero telefónico, puso en circulación un ensayo que José Baddouh escribió hace aproximadamente 15 años. Para algunos compañeros fue reencontrarse con un trabajo que creían perdido, para otros se trató de un verdadero descubrimiento, para todos fue motivo de agradecimiento por el gesto generoso de Grilli. Aun militando en agrupaciones diferentes ambos habían mantenido una relación fraternal que hoy tiene un nuevo ejemplo. Tomando como punto de partida la evocación de Grilli nos permitimos otros recuerdos.


El Movimiento Gremial Telefónico se formó a mediados de 1964 bajo la conducción de Ricardo Campari. Aproximadamente en octubre de ese año apareció el primer número de AVANZADA, el boletín con que la agrupación se dio a conocer. Por eso la sigla MGT pasó a ser una referencia rápidamente olvidada y el nombre del boletín se convirtió en el nombre de la agrupación. Al año siguiente se realizaron las elecciones en el sindicato. Las listas se identificaban por color y la agrupación adoptó el nombre de Lista Rosa. Así terminó de construirse la denominación con que sería conocida dentro y fuera del gremio telefónico: AVANZADA–Lista Rosa.

Ricardo fue el dirigente indiscutido de AVANZADA, pero debió alejarse para dedicar todo su tiempo a la tarea de construcción política en que estaba empeñado. Fue entonces cuando José pasó a ocupar la máxima conducción de nuestra agrupación.

La Lista Rosa fue un punto obligado de referencia no sólo para los trabajadores telefónicos sino también para todos los que en el movimiento obrero buscaban construir alternativas de lucha contra la explotación. La solidaridad con los trabajadores en conflicto tuvo múltiples manifestaciones: se estuvo junto a los Trabajadores de Prensa cuando su organización sindical fue intervenida durante el onganiato. Y lo mismo se hizo con los Petroleros de Ensenada, con los trabajadores cañeros de Tucumán y con todos los que sufrieron las arbitrariedades de aquel período.

Fue así que nos sumamos a la CGT de los Argentinos, al Movimiento Sindical Combativo y a todos los otros ámbitos de lucha que se fueron forjando bajo la conducción de dirigentes como Raimundo Ongaro y Agustín Tosco.

Fueron tiempos de intenso batallar, no sólo contra la patronal y los gobiernos autoritarios o dictatoriales, también en el enfrentamiento a los sectores burocráticos en el movimiento obrero. Debimos aprender a diferenciar entre enemigos y adversarios y creemos haberlo hecho bien. Las fuertes divergencias no nos hicieron equivocar respecto a nuestro lugar en la lucha. Como lista de oposición pudimos tener grandes diferencias con las conducciones del Sindicato, pero nunca dejamos de estar del lado de los trabajadores aunque estuviéramos en agrupaciones diferentes.

Durante la última dictadura nuestro gremio sufrió las mismas persecuciones y atropellos que los demás sectores populares. También AVANZADA-Lista Rosa pagó un alto precio por haber estado siempre en la primera línea de lucha por los intereses de los trabajadores. Muchos de nuestros compañeros fueron cesanteados, encarcelados o forzados al destierro. Pero por encima de todos ellos se destacan los desaparecidos, tanto Ricardo Campari, Olga Pini, Marcelo Senra y Esteban Andreani como las decenas de telefónicos por los que todavía seguimos reclamando.


Ya antes de la dictadura Badouh había sido amenazado por la Triple A. Cuando se produjo el asesinato del general chileno Carlos Prats en buenos aires, José recibió un llamado telefónico en su lugar de trabajo, el mensaje que le transmitieron fue que se preparara porque era el próximo de la lista. La amenaza no podía ser tomada a la ligera, por entonces circulaba públicamente un listado confeccionado por la organización terrorista y en ella figuraba su nombre.

A la amenaza siguió la cesantía en el trabajo, el allanamiento de su domicilio y una campaña de hostigamiento mediático. A pesar de encontrarse perseguido encabezó la Lista Rosa en las elecciones de octubre de 1975. Condenado a la clandestinidad trató de permanecer en el país pero llegó un momento en que la situación se volvió insostenible; en 1977 salió a Brasil y desde allí gestionó el refugio que finalmente le fue concedido por Holanda.

En el exterior realizó una enorme actividad de denuncia contra la dictadura y de solidaridad con el pueblo argentino. Fue elegido presidente del Comité de Solidaridad Argentina- Holanda (SKAN), integró la asociación de Trabajadores y Sindicalistas Argentinos en el Exilio (TYSAE) hasta que en 1979 consiguió el apoyo económico de la Iglesia Católica Holandesa para viajar a colaborar con la Revolución Nicaragüense.

Regresó a Argentina a fines de 1983 y se incorporó al Frente Gremial Telefónico que, bajo la dirección de Julio Guillán, recuperó al sindicato de manos de la intervención. Ese Frente, conducido por la Lista mayoritaria del gremio, no estuvo exento de tensiones internas ni de contradicciones. En cada momento hubo que conciliar con posiciones que hubieran sido rechazadas en otro tiempo, pero se procuró privilegiar los intereses de los trabajadores telefónicos aún a riesgo de sufrir críticas e incomprensiones.


Vuelvo ahora al punto de partida, al de la amistad que se forjó entre José Baddouh y Jorge Grilli en esos años difíciles. Las divergencias circunstanciales no enturbiaron el mutuo respeto entre ellos, así lo entendimos quienes militamos junto a José.

Cuando en 2008 se había cumplido un año de la partida física de quien durante casi cuatro décadas dirigiera AVANZADA Lista Rosa, organizamos un acto para homenajearlo. Representantes de varias agrupaciones del gremio estarían presentes y era necesario un compañero que fuera una figura de equilibrio. Por eso no fue casual que eligiéramos a Jorge para hablar en esa ocasión. Y elegimos bien.

Hoy sigue siendo el buen compañero y amigo que siempre fue, el que pudo hablar a todos sin que ninguno se sintiera excluido, el que vuelve a demostrarlo con este gesto generoso.

sábado, 19 de septiembre de 2020

La Huelga telefónica de 1957

 En una nota anterior recordé el comienzo del conflicto telefónico de 1957; durante tres semanas Se fueron realizando paros progresivos en todo el país. La empresa y el gobierno usaron todas las artimañas para tratar de quebrar la lucha. Cuando esas medidas resultaron infructuosas se ordenó el desalojo de los telefónicos que realizaban paros en el lugar de trabajo. Para sorpresa del gobierno los desalojados se convirtieron en manifestantes dispersos por toda la ciudad. Después de eso Aramburu presidió una reunión donde se analizó el desarrollo del conflicto. “Asistieron a las deliberaciones el vicepresidente Rojas, Los ministros de Comunicaciones, Trabajo y Previsión e Interior, los titulares de las carteras de Ejército, Marina y Aeronáutica y miembros de los servicios de Coordinación policial”.

El endurecimiento de las posiciones metió al conflicto en un camino sin retorno. La Empresa Nacional de Telecomunicaciones hizo público un informe elevado al Poder Ejecutivo en el que dejaba en claro (por si fuera necesaria tal aclaración) que había actuado siguiendo las directivas del gobierno; que la discusión de cualquier aumento salarial estaba atado al incremento de la jornada de trabajo; y que, por haberse visto desbordada en su posibilidad de manejo del conflicto, proponía la aplicación del Código penal contra los trabajadores telefónicos.


Se cumplían dos años del golpe de estado y el gobierno de facto quería mostrar que seguía siendo tan duro como el primer día. Tal vez por eso hacia la noche del 16 de septiembre se anunció que las fuerzas armadas se harían cargo de la custodia de todas las oficinas y edificios telefónicos “con el fin de asegurar la normal prestación de los servicios y, a la vez, garantizar la libertad de trabajo”. Era una libertad de trabajo muy particular porque el Ministerio de Guerra movilizó al personal de mantenimiento (especialmente a Interior, Revisadores y Conservación Cables).

Se llegó así al 17 de septiembre. Tuerzas del ejército ocuparon la Repetidora de Adrogué a las 17 horas de ese día, apresando a todos los trabajadores que se encontraban en el lugar. A medida que pasaron las horas se conocieron las detenciones masivas, en su lugar de trabajo o domicilio, de delegados, colaboradores y afiliados activos, sin ninguna discriminación. Las primeras cifras indicaban que 170 trabajadores habían sido privados de su libertad.

Por eso el Secretariado Nacional emplazó al Poder Ejecutivo para que dejara en libertad a los detenidos, en caso contrario se declararía la huelga general por tiempo indeterminado a partir de las 8 horas del día siguiente. La contestación del gobierno fue suspender la personería gremial de FOETRA y reprimir las concentraciones públicas de los trabajadores telefónicos”.

Ese martes 17 se reunió el Concejo de Administración de la Empresa Nacional de Telecomunicaciones, y, “tras examinar la situación del conflicto telefónico y las medidas de seguridad adoptadas por el Poder Ejecutivo”, dictó una resolución intimando al personal a “reintegrarse a sus tareas a partir de las 0 horas del día 19”. El incumplimiento de esa exhortación haría pasible al personal de las sanciones de “suspensión, cesantía o exoneración, como mejor corresponda”. Paralelamente, el ministro de comunicaciones informó que había solicitado al Ministerio de Trabajo y Previsión, el retiro de la personería gremial de FOETRA.

Pero los anuncios del ministro no terminaron allí. Agregó que “la empresa estatal denunció ante las autoridades policiales, la comisión de hechos previstos en la ley penal”. Y, a partir de esas denuncias, se produjeron las detenciones comentadas más arriba.

Esa noche poco después de las 22.30 se inició la reunión en FOETRA en la que se decidió dar plazo hasta las 8 de la mañana del día miércoles 18 para que todos los detenidos fueran dejados en libertad. Si el reclamo no era satisfecho, se paralizarían las tareas en todo el ámbito del Sindicato Buenos Aires; y si se producía la detención de algún miembro del Secretariado Nacional, el paro se extendería a todo el país.

Recordando ese momento me dijo Diego Pérez, uno de los dirigentes de FOETRA durante el conflicto:

“Después de eso, y para que no metieran preso a todo el Secretariado, les dijimos a Pravisani y Piacentini que se fueran para el sindicato Standard Electric, en San Isidro. Tombessi se fue para La Plata y Dopazo también se fue afuera. Y en Ambrosetti nos quedamos Andreatta y yo.

A eso de las 6 se concentraron frente al local los compañeros de los talleres de la calle Hidalgo que venían a averiguar que noticias había. Les dijimos que habíamos declarado la huelga general a partir de las 8 y, después que ellos se fueron, Andreatta se fue para San Isidro a dormir un rato. Yo me quedé una hora más, pero, como no pasaba nada, les dije a los muchachos que me iba a dormir a casa. Me acuerdo que uno de ellos me dijo si estaba loco, porque en mi casa ya debía estar esperando la policía. Entonces me fui a la casa de mi hermana. El compañero tenía razón, esa noche fueron dos veces a la casa de mis viejos, que es donde yo vivía.

Serían las 2 de la tarde cuando estaba volviendo para Ambrosetti 134. Unos compañeros me paran en José María Moreno y Rivadavia y me preguntan a dónde iba. Cuando les dije que iba para la federación me contaron que a eso de las 8 y media había caído la cana y se los había llevado presos a todos. En realidad en Ambrosetti no hubo ningún detenido.

Los fondos de la Federación daban con los de una casa que tenía salida por Acoyte. Cuando llegó la policía todos los que estaban dentro (las compañeras administrativas que entraban a las 7 de la mañana y algún compañero con permiso gremial) saltaron la pared y se escaparon por detrás. Hay que decir que algunos policías eran bastante tolerantes. Muchos debían ser peronistas, y si podían hacer la vista gorda, lo hacían.”

El paro por tiempo indeterminado, que debía cumplirse en el área de Capital Federal y Gran Buenos Aires, se hizo extensivo a todo el país como consecuencia del apresamiento de los dirigentes del nivel nacional. Y para que no quedara ninguna duda respecto a la disposición combativa de los telefónicos, el Sindicato Buenos Aires dio a conocer un comunicado que en su parte resolutiva señalaba:

“La huelga general se mantendrá hasta que hayan desaparecido las causas que la determinaron, debiéndose impartir la orden de levantamiento únicamente por las autoridades de la Federación o el Sindicato, previa aclaración de las razones que motiven dicho levantamiento”.

El comunicado, firmado por Pedro Valente y Norberto Espínola, informaba que se contemplaba la formación de subcomités de huelga en todos los lugares de trabajo.

Al mismo tiempo las muestras de solidaridad con los trabajadores telefónicos siguieron aumentando. El secretariado nacional de la Unión Obrera Metalúrgica dispuso la realización de un paro de 15 minutos (de 9 a 9.15, de 15 a 15.15 y de 24 a 0.15), mientras manifestaban su adhesión la Asociación Bancaria (Regional Buenos Aires), la Federación de vendedores de Diarios, Revistas y Afines, y el Sindicato Unido Petroleros del Estado. También expresaron su apoyo solidario la Comisión de Acción Política de la Unión Cívica Radical Intransigente y el Dr. Alfredo Palacios, diputado constituyente por el Partido Socialista. La Comisión de Acción Política de la UCRI, que recibió a los representantes telefónicos y repudió las detenciones, estaba presidida por el Dr. Alejandro Gómez, futuro vicepresidente de la Nación.

Así comenzó la Huelga de los Telefónicos en 1957.