jueves, 20 de noviembre de 2014

Las elecciones



AVANZADA en el comienzo (XIII)
Las elecciones

Cuando se está en medio de un proceso electoral, Con una actividad tan grande como la que desarrollamos y con tal grado de entrega y entusiasmo, es bastante razonable que, hasta los más mesurados, lleguen a convencerse de la posibilidad de victoria. En general se tienden a medir las perspectivas de acuerdo al microclima en que uno se mueve, tomando en cuenta únicamente las noticias y comentarios favorables y restando importancia a los datos sobre la fuerza de los adversarios. En algunos casos es aún peor, porque se tiende a ver como un enemigo al que nos advierte con objetividad sobre la correlación de fuerzas existente. En nuestro caso no llegamos a este último extremo, pero diría que la inmensa mayoría de nosotros (sobre todo los más jóvenes) veíamos posible el triunfo en aquellas elecciones.
Los comicios se desarrollaron durante los últimos tres días de abril, el lugar de votación fue un salón frente al viejo sindicato que, por entonces, estaba en General Perón 2574. El recuento llevó algo más de tres horas y luego supimos que la Lista Marrón había vuelto a ganar las elecciones, que la Azul había salido en segundo lugar y que nosotros éramos terceros. Hubo un primer momento de desconcierto, habíamos creído tanto en la posibilidad del triunfo que era difícil asimilar la derrota. Pero eso duró muy poco. Enseguida nos esforzamos por recomponer el gesto, por mostrarnos enteros en la adversidad y por “no darles el gusto a los otros de que nos vieran amargados”.
Nos acercamos al sindicato para esperar la salida de los apoderados y los fiscales, para que supieran que seguíamos muy firmes (aunque no lo estuviéramos tanto) y para expresarles todo nuestro reconocimiento por el trabajo que habían realizado. Esa fue una de las cosas más valorables que los más jóvenes aprendimos aquella noche: a mantenernos firmes en los momentos difíciles. En los duros tiempos por venir esto iba a ser enormemente importante.
Después pudimos hacer un análisis más tranquilo de los resultados. La nuestra había sido una elección enormemente buena; habíamos obtenido 1.500 votos, alrededor del 10 % del total. La gran perdedora había sido la Lista Azul, porque todo el aparato desplegado para apoyarla no le había servido ni para alcanzar el 20 % de los votos. Y la gran triunfadora era la Marrón que había obtenido un número de votos superior al de toda la oposición. Una vez superado el fantaseo triunfalista en que muchos de nosotros habíamos caído, se aceptaba como lógico el triunfo de la Marrón, pero lo que resultaba desconcertante era la magnitud de esa victoria. Después iríamos comprendiendo que todo el peronismo del gremio se había volcado incondicionalmente hacia allí, y había una muy buena razón para que eso ocurriera.
La Lista Azul se mostraba como la opositora con posibilidades muy concretas de disputarle el triunfo. Se respaldaba en un enorme despliegue propagandístico y contaba con todo el apoyo político y económico de la dirección de la Empresa. En el imaginario de los compañeros debía aparecer casi como una reedición de la disyuntiva Braden o Perón, y eso polarizó fuertemente la elección.
Pero hubo algo más. El 14 de marzo, es decir un mes y medio antes de las elecciones en el sindicato, se habían realizado elecciones nacionales para renovar parte de la Cámara de Diputados. En esos comicios el triunfo peronista fue importante, y se sabe que un triunfo electoral condiciona y se proyecta en las situaciones semejantes que están a continuación. A quien busque los resultados de aquella renovación parlamentaria, tal vez le sorprenda encontrar que quien ganó fue la Unión Cívica Radical del Pueblo, con algo más de 2.200.000 votos, seguida por la Unión popular con 2.171.000 votos. En realidad ese fue el recurso gubernamental para maquillar el resultado adverso, porque el peronismo concurrió con otras denominaciones además de la de Unión Popular. En Chubut fue como Partido Provincial; en Mendoza distintos sectores del peronismo usaron las denominaciones Justicialista, Tres Banderas y Movimiento Popular Mendocino; En río Negro concurrió  como  Partido Blanco; los puntanos usaron el nombre de Acción Popular Sanluiseña; En Santa Cruz y Santa Fe el rótulo fue Justicialista; En Santiago del Estero fue como Tres Banderas; y en Tucumán como Alianza Provinciana.
Con todas esas “colectoras” el peronismo se colocó muy por encima del radicalismo, consiguió incorporar 44 nuevos diputados que, sumados a los 8 que habían sido elegidos dos años antes y que aún tenían dos años más de mandato, totalizaban 52 representantes. Con ese salto espectacular el peronismo unificado en un solo bloque, se transformó en la segunda fuerza parlamentaria detrás del radicalismo. Semejante avance tenía que galvanizar las fuerzas, y seguramente algo de eso ocurrió en telefónicos.
Por eso nuestro honroso tercer puesto tuvo casi el valor de una hazaña. Lo destacable fue que esa polarización entre la Marrón y la Azul no nos diluyera a nosotros como ocurrió con todas las otras agrupaciones que participaron en aquella elección. Para darse una idea, hay que tener en cuenta que las 5 listas que nos seguían, reunieron un total de votos que era inferior al que nosotros habíamos alcanzado.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Los afiches



AVANZADA en el comienzo (XII)
Los afiches

En algún momento, al comenzar estas notas, dije que mi ingreso en la agrupación me cambió la vida. Mi compromiso sindical se volvió muy fuerte, En esos meses de campaña estaba casi todos los días con los compañeros, participé de todas las tareas de propaganda, desde el reparto de volantes, la visita a distintos edificios telefónicos, las pintadas, la pegatina de carteles. Pero este sitio no es para que hable de mi historia personal sino de AVANZADA.
Ya mencioné que los encargados de la prensa eran Juan Carlos Romero y Guillermo Pérez Curtó, y que en esos meses se ocuparon de toda la propaganda. Pusieron un sello muy distintivo en todo lo que hicieron, los comunicados quizás tenían un aspecto más convencional, pero a todo trataban de agregarle un detalle de buen gusto. Sabían explotar al máximo los recursos técnicos de la época, el mimeógrafo podía parecer un medio de impresión que ofrecía muy pocas posibilidades, pero con el uso de letrógrafos y esténciles electrónicos hicieron verdaderas maravillas. En los boletines no sólo el logo nos destacaba de las demás agrupaciones, también el diseño era muy cuidado.
En las últimas semanas de nuestra campaña hicieron su aparición los afiches. La Lista Marrón y la Lista Azul venían usándolos desde un principio, pero nosotros no contábamos con tantos recursos económicos, teníamos que regular los gastos y nos reservamos para el momento de la pelea fuerte. Si queríamos jugar en primera (como se dice en el ambiente futbolero), también nosotros teníamos que salir con los afiches. No podíamos ni soñar en competir con la cantidad, pero en calidad aspirábamos con fundamento a pasarles por encima.
El cuero no nos daba para hacer grandes tiradas, tampoco para pensar en carteles de gran tamaño, pero aunque fueran de formato más reducido también nosotros contamos con unos cuantos miles de ejemplares. En total fueron tres diseños distintos.
El primero de ellos apareció poco después que definimos nuestro color de lista. Como el nombre de AVANZADA venía siendo trabajado desde meses atrás, era obligatorio establecer la relación entre la denominación conocida y el color que nos distinguiría electoralmente. Sobre un fondo en el que se repetía el nombre de AVANZADA en tinta negra, se destacaba en color: Telefónico avance con Lista Rosa.
Me parece recordar el momento en que Juan Carlos y Guillermo aparecieron en una reunión con los paquetes de afiches bajo el brazo. Seguramente venían de Serantes, una imprenta que quedaba en la calle Defensa a pocas cuadras de Plaza de Mayo, donde se seguía imprimiendo con el sistema tipográfico tradicional. Llegaban sonrientes, eufóricos porque todo había salido bien. Mostraron la obra y creo que hasta nos sentimos emocionados, ansiosos por salir a pegar los carteles en todos los edificios telefónicos.
El segundo también fue un diseño tipográfico, y del tercero lamentablemente no tengo una digitalización en este momento. De los dos primeros Juan Carlos me facilitó las fotografías que acompañan a esta nota.


El primer afiche se editó, probablemente, en marzo de 1965. Nuestro color de lista no pudo estar oficializado mucho antes porque las elecciones en el Sindicato se realizaron los días 28, 29 y 30 de abril.

Este fue nuestro segundo cartel en las elecciones de 1965.
Años después estos afiches formaron parte de la exposición ¡VIVA LA TIPOGRAFÍA!, cuyo catálogo todavía se puede encontrar en Internet.

domingo, 16 de noviembre de 2014

El financiamiento de la agrupación


 AVANZADA en el comienzo (XI)
El financiamiento de la agrupación

En alguna parte leí (o creo haber leído) que en los albores de las organizaciones obreras se pasaba la gorra entre los asistentes a las reuniones para recaudar los fondos necesarios. Con esos recursos se garantizaba la continuidad del sindicato, la solidaridad con los trabajadores, el sostenimiento de las luchas obreras. El compromiso con los compañeros se refirmaba con ese aporte solidario, un aporte que siempre era un recorte al disfrute personal, en muchos casos una privación. Podía tratarse de organizaciones muy embrionarias, de agrupamientos surgidos al calor de una lucha, de proyectos que buscaran consolidarse para perdurar. Pero también los sindicatos tuvieron, durante un largo período, que depender del aporte directo de los trabajadores, del cobro de la cuota sindical por parte del delegado, de una recaudación casi artesanal entre los afiliados.
Pasó mucho tiempo antes de que llegara la cuota sindical descontada por boleta de sueldo, antes de que el compromiso económico con el sindicato se convirtiera en un trámite administrativo, antes de que buena parte de la adhesión del afiliado con su organización perdiera su carácter consciente. Pero no hay que ponerse nostálgicos ni imaginar que aquel pasado heroico fue mucho mejor que el que vino después, se trata de períodos distintos y ver sólo un lado de la cuestión es mirar la historia con anteojeras. Cada etapa tiene sus particularidades, y es inimaginable un sindicato de masas organizado como si fuera un agrupamiento de unos pocos cientos de trabajadores. El tema es interesante, a nosotros nos tocó vivir en un tiempo en que la cuota sindical descontada por boleta ya estaba institucionalizada, pero hubo algunos momentos en que nuestro sindicato fue privado de la personería gremial o estuvo intervenido, en que los fondos fueron congelados, cuando hubo que recrear viejos métodos de cobro de aportes para poder seguir funcionando. Tal vez en alguna oportunidad pueda hablar de eso, pero no es lo que tenía previsto para hoy.
Ricardo era despiadado a la hora de recaudar fondos para la agrupación. Siempre se le ocurría alguna forma de reclamar el aporte de los concurrentes a las reuniones, y todavía me asombra que no haya espantado  a los compañeros con tantos mangazos. Si algún ingenuo preguntaba cuánto había costado imprimir un volante, o si se gastaba mucho en la propaganda, el curioso terminaría lamentando haber abierto la boca. Con el interrogante le daba la oportunidad para que apareciera con un talonario de bonos y diera un zarpazo a los bolsillos de los asistentes. Después de tan públicas y reiteradas solicitudes a nadie podía quedarle ninguna duda sobre cuál era nuestra fuente de financiamiento.
Cuando nos metimos de lleno en la campaña electoral el volumen de gastos aumentó muchísimo, pero también crecieron los aportes de los compañeros. Se organizó una rifa de mil números con un par de premios en dinero. Se hicieron tres series, y nos impusimos la tarea de vender esos tres mil números. Era una gran exigencia organizativa, pero teníamos la suficiente inserción en el gremio como para llevar adelante el proyecto. Se indujo una suerte de competencia entre las distintas zonas para ver cuál vendía más rifas, la presión no siempre era muy deportiva, había algunas chicanas, pero nada que no fuera dentro de límites razonables.
Para Ricardo no sólo era importante el aspecto económico, su argumento político era que los trabajadores debían sostener su organización, que esto tenía que verse en todas las oficinas y que nosotros, además de traer el dinero, teníamos que explicar cuál era la finalidad de esa recaudación. Pero iba más lejos todavía. Como el sorteo iba a tener lugar unos días antes de los comicios, el pago a los ganadores se haría en el local de la agrupación para que todos supieran (hacia adentro y hacia fuera) que la Lista Rosa no engañaba a nadie, que no se quedaba con el dinero de los compañeros y que ningún dirigente se robaba los fondos.
Contado así puede parecer que era un fundamentalista ideológico. Es cierto que nos reclamaba la venta de los bonos entre los telefónicos, pero a la hora de la verdad era lo suficientemente práctico como para no poner cara de asco si el comprador había sido un familiar o un amigo de fuera del gremio. Finalmente cconseguimos vender los tres mil bonos, hasta donde yo recuerdo no faltó ni un peso de las ventas, se pagaron los seis premios y, además, hicimos un comunicado a todo el gremio informando sobre el monto de la recaudación y la identidad de los ganadores.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

AVANZADA es Lista Rosa





AVANZADA en el comienzo (X)
AVANZADA es Lista Rosa

Visto a la distancia aquel parece un problema muy menor, pero en esos días, y con el acto electoral cada vez más cerca, tomamos conciencia de que éramos conocidos por el nombre del boletín, pero en el cuarto oscuro no estaría AVANZADA sino la Lista Rosa. Durante esos meses los telefónicos habían conocido de nuestra existencia como “los de AVANZADA”, ahora había que salir a decir que también éramos la Lista Rosa. Esto se explicó en cada reunión de agrupación, Ricardo se volvió obsesivo con el comentario, pero tenía razón, no se debía perder ni un solo voto por un equívoco. A partir de ese momento en toda nuestra propaganda, desde el boletín a los volantes, desde los afiches hasta las pintadas, nos impusimos colocar el nombre de AVANZADA junto a nuestro color de lista. Precisamente la portada del boletín con que encabezo esta entrega es una prueba de lo que estoy comentando.
Pero antes de continuar con el tema quiero mencionar algo sobre nuestro programa. Es oportuno hacerlo aquí, porque la imagen reproduce algunas de las consignas electorales, y una de ellas puede llamar la atención. Es la que proponía la participación de los trabajadores en las ganancias de la Empresa. No recuerdo cómo fue que ese reclamo se incorporó al programa, seguramente algún compañero invocó la disposición que se había incluido en la reforma constitucional, no tuvo oposición del resto de los compañeros, o si la hubo, no fue mayoritaria. Posteriormente, pasado ya el momento electoral, fuimos discutiendo esa consigna, no todos se sentían identificados con ella, había quienes argumentaban que los trabajadores no podíamos ignorar que las ganancias empresarias eran el fruto de la explotación a la que estábamos sometidos.
Fue una discusión hacia adentro, tranquila y sin hostigamiento de ideólogos partidarios. Esto nos permitió intercambiar opiniones, apreciar que a veces los reclamos aparentemente justos llevan dentro un cúmulo de complejidades, que muchas veces, y sin quererlo, hacemos propias las ideas que luego nos terminarán dañando. No hubo “ni vencedores ni vencidos”, simplemente llegamos a la conclusión que esa consigna era, en el mejor de los casos, muy discutible. Gradualmente la fuimos  relegando, hasta que llegó un momento en que desapareció de nuestro programa. Pero me he extendido mucho con este comentario. Volvamos a la Lista Rosa.
En la entrega anterior apareció reproducida la página 2 del boletín en que presentamos la lista. Hoy incluyo la imagen de la página 3, donde se completa la nómina de los integrantes. En este caso se trata de los candidatos a delegados congresales, y al final, como si no quisieran “entrar en la fotografía”, están los dos apoderados. Como ya dije, uno de ellos fue Ricardo Campari.


sábado, 8 de noviembre de 2014

La Lista Rosa



AVANZADA en el comienzo (IX)
La Lista Rosa

En la nota anterior comenté que la conformación de la lista no era nada accesible sin una fuerte inserción en el gremio. Más de un centenar de candidatos representando todas las zonas y especialidades eran un desafío muy importante. Puede decirse que esa era la primera barrera a superar. 30 integrantes de Comisión administrativa entre titulares y suplentes; algo más de 70 delegados al Congreso de la Federación, la mitad de ellos titulares y suplentes el resto; los integrantes de la Comisión revisora de cuentas, 6 en total; 2 apoderados y un mínimo de 50 avales para poder presentarse ante la Junta electoral. Esos eran los números que hacían decir a Ricardo que en telefónicos no presentaba lista quien quería sino quien podía.
En la asamblea en que se realizó el armado el primer designado fue Juan Carlos Picone para el cargo de Secretario General. Luego se continuó con los demás candidatos; presentar toda la nómina no es muy periodístico, pero yo no soy un periodista, de modo que puedo permitirme esa licencia. Para ello voy a usar la imagen del boletín en que se presentó la lista ante todo el gremio. Pero antes debo aclarar que tras el armado vino la elección de color, y ese no fue un tema sencillo.
Primero se pasó revista al listado de colores que ya estaban usándose. La Lista Marrón correspondía a la agrupación peronista mayoritaria. La Lista Naranja pertenecía a los compañeros del PC. El Azul era propagandizado por el agrupamiento radical impulsado por el presidente de la Empresa, con lo cual, aunque hubiese quedado vacante, ya era una denominación quemada. Había una Lista Oro, de un pequeño agrupamiento demócrata cristiano. Y otras listas más pequeñas que ya no recuerdo. Luego se mencionaron nombres que habían sido usados en años recientes por algunos agrupamientos que ya se habían disgregado o que habían cambiado su identificación. Así fueron quedando de lado el Verde, el Rojo y el Blanco. Lo cierto es que después de todo ese recuento descubrimos que no eran tantas las posibilidades disponibles.
Se hicieron algunas propuestas (alguien bromeó con lo de Lista Negra) hasta que quedaron sólo dos mociones: Lista Rojinegra y Lista Rosa. José Baddouh y un buen número de compañeros sostenían la primera propuesta, pero el otro bando se fue perfilando como mayoritario. José siempre contaría riéndose cual había sido el argumento final con que Ricardo fundamentó su apoyo a la propuesta de Lista Rosa: “Piensen que después hay que salir a hacer la propaganda, y Lista Rosa se pinta mucho más rápido que Lista Rojinegra”. Seguramente no fue ese el argumento determinante, pero triunfó la Lista Rosa, y después todos nos fuimos a celebrar porque ya teníamos color para la lista.

jueves, 6 de noviembre de 2014

Un armado de lista muy democrático



Con esta nota iniciamos el mes de noviembre, aunque originalmente estaba programada para formar parte de las publicadas durante octubre. En la semana pasada se superpusieron varios problemas, la organización se resintió, un par de artículos que ya estaban listos quedaron demorados. No está demás confesar que este blog es también parte del aprendizaje de un aficionado, con todos los errores de quien está dando los primeros pasos. Digo esto sin vergüenza, imitando a Juan Sasturain cuando dijo que sino se podían ocultar las costuras había que resaltarlas. Supongo que el recurso sirve mientras no se abuse de él, por eso intentaré mayor regularidad en el futuro.
Aprovecho para hacer el recuento de las notas ya publicadas bajo la denominación de AVANZADA en el comienzo. La primera de la serie fue con ese título el 14 de octubre. Luego le siguieron: Rechazo en Castro Barros, aprobación en el Luna Park (16.10.2014), Organizarse para avanzar (18.10.2014), El gobierno, la empresa, el sindicato (21.10.2014), Combatividad y rechazo al sectarismo (23.10.2014), Y llegó el Número 1 (25.10.2014), Elección de los precandidatos (30.10.2014).


AVANZADA en el comienzo (VIII)
Un armado de lista muy democrático

La vez pasada comenté cómo se fueron eligiendo en las distintas zonas a los compañeros que integrarían la lista con la que competiríamos, pero un detalle que no mencioné es que el número de candidatos superaba el centenar. Para conducir el Sindicato Buenos Aires se elegían 15 miembros de Comisión Administrativa, acompañados por igual número de suplentes. En los mismos comicios se elegían los delegados congresales para representar al Sindicato en la Federación, y en esa época el número de congresales que llevaba Buenos Aires era muy elevado: 36 titulares y otros tantos suplentes. Por último había que sumar a los revisores de cuentas, que eran 3 titulares e igual número de reemplazos. Reunir tal cantidad de candidatos no era nada fácil sin una fuerte inserción en el gremio. Ricardo alardeaba de que en el Sindicato no presentaba lista el que quería sino el que podía. Pero eso era parcialmente cierto, porque se podían repetir nombres postulándolos simultáneamente para integrar la Comisión Administrativa y como delegados congresales. De hecho todas las listas repetían los nombres de algunos de los primeros titulares de Comisión Administrativa para que fueran como delegados al congreso, porque allí podían ser designados como autoridad a nivel nacional. Repetir muchos nombres era un signo de debilidad, lo mismo que si un número elevado de postulantes provenía de un mismo edificio o zona.
Así llegamos a la asamblea en la que se armó la lista. En primer término se nominó a la Comisión Administrativa titular. Ricardo, que como siempre dirigía las deliberaciones, dijo que la agrupación se atribuía el derecho de postular al candidato a Secretario General, pero que esa propuesta podía ser objetada y modificada por los compañeros reunidos en la asamblea. Después de eso propuso que la lista fuera encabezada por Juan Carlos Picone. Y todos estuvimos de acuerdo con esa proposición.
Picone era un viejo compañero de larga trayectoria en el gremio y con todas las características de un caudillo. Con un físico que imponía respeto, sonriente, campechano, con “mucha calle” (y, tal vez, con “mucho estaño”). Seguramente no tenía una gran formación política, pero era inteligente, rápido y bastante intuitivo. Era capaz de hacer frente a situaciones difíciles con mucha sangre fría. Se contaba la anécdota que durante la huelga de 1957, había ido a llevar volantes a la oficina Retiro. Después, no se sabe bien por qué, había llegado hasta el puerto donde lo detuvieron los de Prefectura. Y aunque le encontraron parte del paquete de volantes, estuvo conversando con ellos hasta convencerlos de que lo soltaran. También se comentaba que durante ese conflicto se había metido en una cámara telefónica a cortar cables con un hacha. Hay que recordar que en 1957 el gobierno era detentado por Aramburu y Rojas, quienes se habían mostrado insensibles a cualquier reclamo obrero y que eso legitimaba las medidas de lucha más enérgicas. Para no correr el riesgo de ser descubierto mientras cortaba cables, le había indicado a otros compañeros que volvieran a tapar la cámara mientras él estaba dentro. El detalle es que esa tapa metálica pesa alrededor de 70 kilos y que si no era levantada desde fuera, el quedaría encerrado indefinidamente.
Por cierto, no era en mérito a su valor personal que se lo postulaba para el cargo de Secretario General. Picone era un compañero de extracción obrera, muy representativo en toda la zona oeste. Pero tenía un defecto: era bastante anárquico. No se sujetaba a una disciplina de funcionamiento orgánico y, de hecho, participaba muy poco de las reuniones de agrupación.
Una vez que se designó a Picone como cabeza de lista se siguió con los demás integrantes de la Comisión Administrativa. Cada zona fue proponiendo un candidato por vez, procurando no repetir especialidades y que las compañeras tuvieran la mayor cantidad de cargos posibles. Esto último no era fácil de realizar, porque, a pesar de que se suponía que la mitad de las componentes del gremio eran mujeres, no eran tantas las compañeras que tenían participación sindical. Para muchos de nosotros esta era la primera vez que participábamos en el armado de una lista y, por añadidura, con una metodología tan abierta. Creo que Ricardo era muy consciente de esto y de las desconfianzas y suspicacias que podían existir entre los compañeros, por eso se esforzó en dar el máximo de trasparencia a aquel proceso. No sé si esa era la intención pero tanto él, como los compañeros que venían trabajando a su lado, hicieron un verdadero ejercicio de pedagogía democrática con todos nosotros.

jueves, 30 de octubre de 2014

Elección de los precandidatos



AVANZADA en el comienzo (VII)

La memoria trabaja yendo y viniendo sobre los mismos hechos, acomodando los recuerdos, aportando nuevas interpretaciones cada vez. Quizás sea como si se mirasen las cosas desde distintas perspectivas o posiciones, como si luego se pudiera recomponer lo que realmente ocurrió. Seguramente rearmamos la historia, tanto aquella en la que estuvimos directamente involucrados, como la otra más general que nos llega a través de relatos ajenos. Pero ese reubicamiento tiene un límite, porque podrá cambiar nuestra interpretación de los hechos, pero lo que no puede cambiar son los hechos mismos. Esto viene a cuento porque a medida que avanzo con estas notas siento que me repito, o porque tengo la tentación de volver sobre lo escrito para corregirlo, pero no porque haya dicho algo falso o porque quiera falsearlo ahora, sino porque quiero completar una información o porque deseo agregar un nuevo dato. De todos modos estas anotaciones son como un primer borrador, más adelante veremos si es necesario hacer alguna ampliación.
Ya comenté cuál era la situación en telefónicos hacia fines de 1964. Aquel extendido malestar había dinamizado la actividad sindical, eran varios los sectores que se preparaban para participar en las elecciones previstas para abril de 1965, y AVANZADA se iba mostrando como un fuerte polo de atracción de buena parte de los descontentos. Cuando me integré a la agrupación ya estaba definido el criterio para constituir la lista con la que participaríamos en las elecciones. Como nuestro desarrollo no era parejo en todas partes (era mayor en la zona oeste, le seguía centro-este, y luego venían sur y norte), teniendo en cuenta esa realidad, se determinó el número de candidatos que tendría cada zona dentro de la lista. El objetivo era que fuera lo más representativa posible, tanto por el lugar de asiento del candidato como por la especialidad laboral.
Se privilegiaron los sitios con mayor concentración de personal, el método imaginado era ir a las distintas oficinas y centrales, hablar con los trabajadores, tratar de convencerlos para que integraran la lista, y que fueran ellos mismos quienes propusieran a quienes serían los candidatos. Ese era el planteo ideal, pero como dicen los estrategas, el mejor plan estratégico debe ser ajustado después del primer combate. En algunos casos las cosas se hicieron de acuerdo al plan propuesto, en otros casos los compañeros fueron más pragmáticos, pero, en general, predominó  un sentido de representatividad y democratismo.
Con el método ideado no sabíamos quién podía resultar designado, pero estábamos dispuestos a aceptar la voluntad de los trabajadores. La única objeción (por lo menos la única que yo recuerdo) era que el postulado no tenía que haber sido “carnero”. Tampoco teníamos inconveniente si el propuesto era candidato por otra lista. Era perfectamente posible que eso ocurriera, y si bien no nos sucedió en esa oportunidad, sí tuvimos ese caso cuatro años después.
Ese era el primer paso. Después, una vez designados todos los candidatos, venía el armado de la lista. Esto se hacía en una reunión abierta a la participación de todos los telefónicos que quisieran asistir. Visto a la distancia parece que había un exceso de democratismo en esa metodología, si bien se estaba preparado para hacer frente a una ingerencia desde fuera que quisiera provocar problemas, no sé que habría pasado si las diferencias se hubieran planteado desde dentro. Todo salió bastante bien, por lo menos ningún compañero se quejó de manejos dudosos o censurables, ni durante ni después de conformada la lista.