miércoles, 30 de junio de 2021

“Ustedes, escritores y artistas, han tenido el privilegio de ser testigos de esta Revolución”

 


Este 30 de junio se cumplen 60 años de “Palabras a los intelectuales”, la memorable intervención de Fidel Castro en el cierre de tres intensas jornadas de debate con los intelectuales cubanos. ¿Por qué un acontecimiento ocurrido hace más de medio siglo sigue siendo importante en nuestros días? ¿Cuánto podemos aprender de aquella intervención en la que se habló de censura, libertad creadora y necesidad de apoyo popular en medio de la agresión imperialista?

La revolución agredida

Al evocar las Palabras a los intelectuales suele mencionarse la censura a un cortometraje o la frase: “Dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada”. Rara vez se describe el marco histórico, y sin tener en cuenta ese contexto la comprensión del proceso queda mutilada. Un intelectual de la talla de Fernando Martínez Heredia lo expresó con toda claridad:

“Me preocupa mucho que la circunstancia de la cual es hija Palabras a los intelectuales haya sido olvidada.”

http://www.cubadebate.cu/opinion/2016/06/29/acerca-de-palabras-a-los-intelectuales-55-anos-despues/

Para no incurrir en ese olvido voy a hacer un rápido repaso histórico.

Tras la fuga de Batista un golpe de estado continuista se desmoronó ante el arrollador avance de los combatientes cubanos. Estados Unidos que había sido sostén del régimen tuvo que asumir un protagonismo más directo. En enero de 1959 comenzaron las advertencias, presiones y maniobras desestabilizadoras. Entre las primeras actividades subversivas estuvo el desvío de aviones hacia Estados Unidos. Los personeros del antiguo régimen, descontentos y contrarrevolucionarios fueron incentivados para efectuar espectaculares fugas “hacia la libertad”.

https://javiernieva.blogspot.com/2020/06/sobre-vuelos-y-revuelos.html

El gobierno revolucionario se vio sometido a un continuo hostigamiento militar y propagandístico. Se fomentaron las incursiones armadas y los sabotajes. Se propició la deserción y la traición al mismo tiempo que se desarrollaba una intensa campaña de intoxicación mediática. Durante esos primeros meses se incentivó la emigración de profesionales para vaciar al nuevo régimen de apoyatura intelectual.

La Revolución debió actuar con mano muy firme desde un principio. Era una cuestión de supervivencia y no podía mostrar debilidades ni vacilaciones a la hora de castigar a los esbirros y criminales de la dictadura batistiana; puede decirse que, en medio de tan difíciles circunstancias, hubo un equilibrado ejercicio del rigor. El continuo hostigamiento no dejaba mucho margen para la práctica democrática. Había que realizar tareas de inteligencia, una acelerada preparación militar de toda la población y poner freno a cualquier intento contrarrevolucionario. Lo raro no es que se hubieran producido algunos excesos en la tarea para salvaguardar al estado, sino que esos desbordes hayan sido mínimos. Si se tiene en cuenta que las amenazas de invasión eran muy concretas, que se tenía la experiencia de lo ocurrido en Guatemala pocos años atrás y que Estados Unidos no ocultaba su participación en la agresión en curso, las medidas disuasorias y defensivas no parecen haber provocado acciones censurables por parte del gobierno.

Construyendo bajo el fuego enemigo

Vale la pena agregar lo que significaba para la economía de un país pequeño y subdesarrollado semejante esfuerzo de guerra. Se tuvo que movilizar a unos doscientos mil hombres para hacer frente a la amenaza de invasión. A ello había que sumar el enorme desvío de recursos para comprar material defensivo a proveedores muy distantes del territorio cubano. Y todo eso se hacía al mismo tiempo que se trataba de organizar el nuevo aparato estatal, los nuevos sindicatos, construir el partido que uniese a todos los que habían luchado por la nueva sociedad.

Los ataques militares directos eran sólo una parte de las medidas implementadas por los Estados Unidos para aniquilar a la Revolución. Ellas fueron acompañadas de agresiones económicas y diplomáticas cada vez mayores. Entre las medidas económicas destinadas a desquiciar el aparato productivo cubano estuvo la reducción de la venta de petróleo norteamericano a la isla. La respuesta cubana fue proveerse de ese petróleo en la Unión Soviética, y la decisión de las empresas petroleras (norteamericanas e inglesa) instaladas en Cuba fue negarse a destilar ese petróleo. Lo que siguió fue la nacionalización de esas empresas apoyándose en cláusulas contractuales que habían sido violadas. Algo similar ocurrió con la cuota azucarera cubana que tenía como destino el mercado norteamericano.

El hostigamiento económico fue acompañado con decisiones impulsadas por el gobierno de Estados Unidos condenando a Cuba “por apoyarse en potencias extracontinentales”. En la reunión de la OEA realizada en Costa Rica se emitió una Declaración que preparaba el camino para una futura intervención militar. Esa escalada de agresiones alcanzó su pico máximo en abril de 1961 con la invasión de Playa Girón.

https://javiernieva.blogspot.com/2021/04/a-60-anos-de-playa-giron.html


La derrota de las fuerzas mercenarias armadas y dirigidas por el imperialismo se produjo apenas dos meses antes de las jornadas que culminarían con las Palabras a los intelectuales.

El diálogo en la Biblioteca

El serio desencuentro entre la intelectualidad y algunos responsables políticos cubanos con poder para ejercer funciones de censura, se produjo a mediados de 1961 alrededor del documental “PM” y la prohibición de exhibición en las salas de cine. Esto generó una gran tensión y el propio Fidel decidió hacerse cargo; a pesar de la infinidad de problemas que debía resolver, el jefe de la Revolución dedicó tres jueves consecutivos a escuchar y debatir con los intelectuales en la Biblioteca Nacional. Fue en el último de esos encuentros cuando pronunció sus Palabras a los intelectuales.

Aún hoy se sigue citando la frase: “dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”, como una suerte de fórmula mágica desde el momento que aseguraba la libertad para la creación artística dentro del proceso revolucionario. Pero la intervención de Fidel en aquel día contuvo mucho más que esa frase esgrimida de uno y otro lado de los bandos en conflicto cada vez que se produjo un problema similar.

El film objetado mostraba los aspectos más sórdidos de la noche habanera, algo que era reconocido hasta por los que defendían el derecho de la película a ser exhibida. Decididamente el documental no era un modelo de virtudes ciudadanas; eso debían creer quienes desde el ICAIC censuraban su difusión masiva. La visión de los censores podía estar condicionada por rígidos principios asimilados del realismo socialista (al menos han sido muchos los que le atribuyen un origen estalinista a los censores), aunque un veto semejante se habría producido por parte de cualquiera de los clérigos falangistas que aún quedaban en Cuba si hubiesen tenido poder para juzgar.

Y ni siquiera es necesario suponer que los guardianes de la moral tenían que ser, necesariamente, devotos de alguna de esas disímiles ortodoxias, porque un rechazo similar podría haber surgido de cualquiera que sintiera irritada su sensibilidad y que se creyera con la obligación de levantar una barrera protectora de la moral y las buenas costumbres.

La libertad para crear

Lo primero que hizo Fidel fue destacar que las posibilidades de expresión no estaban en riesgo. Nadie con un mínimo de honestidad podía dejar de reconocer que antes del triunfo revolucionario las condiciones eran absolutamente deprimentes para los artistas y escritores. Teniendo eso en cuenta no se justificaba el recelo de que la misma Revolución que había abierto todas esas posibilidades podía tener entre sus planes cercenarla libertad para la creación artística.

Luego dijo que si los hombres se midieran por sus obras, los dirigentes revolucionarios podían caer en la tentación de presentar a la Revolución misma como respaldo de sus actos. Pero agregó que, en realidad, todos estaban aprendiendo (tanto los dirigentes como los propios intelectuales), por lo tanto no había que argumentar como si se tuviera un conocimiento superior e infalible. A continuación se preguntó cuál debía ser la principal preocupación de todos, ya fueran intelectuales o pueblo en general, y recalcó que la primera preocupación debía ser, y de hecho lo era, la supervivencia de la Revolución misma. Un buen motivo para decir eso es que sólo habían pasado dos meses desde la invasión por Playa Girón.

“¿Cuál debe ser hoy la primera preocupación de todo ciudadano? ¿La preocupación de que la Revolución vaya a desbordar sus medidas, de que la Revolución vaya a asfixiar el arte, de que la Revolución vaya a asfixiar el genio creador de nuestros ciudadanos, o la preocupación por parte de todos debe ser la Revolución misma? ¿Los peligros reales o imaginarios que puedan amenazar el espíritu creador, o los peligros que puedan amenazar a la Revolución misma?”

No era un argumento retórico para eludir el debate, sino una forma de responder a algunos que habrían discutido a lo largo de los tres días como si no existiese ningún peligro de agresión externa. Por eso, el problema de la libertad de los escritores y de los artistas para expresarse fue abordado de inmediato. Nadie parecía haber puesto el acento en el tema de la libertad formal, lo que parecía centrar todas las preocupaciones era el tema de la libertad de contenido, porque estaba expuesto a las más diversas interpretaciones y se convertía en el nudo de la polémica. La cuestión era si debía haber o no una absoluta libertad de contenido en la expresión artística.

Algunos de los intelectuales debían haber bregado por una libertad irrestricta, y se habrían opuesto a cualquier tipo de prohibiciones, regulaciones, limitaciones, reglas o autoridades para decidir sobre la cuestión.

El argumento que desplegó Fidel fue el siguiente: Los escritores y artistas auténticamente revolucionarios no tenían por qué albergar ningún temor, porque su creación estaría puesta al servicio de la Revolución. Incluso, porque estarían dispuestos a sacrificar la propia vocación artística para ponerse al servicio de la Revolución. El problema era para los escritores y artistas honestos que no eran revolucionarios y que tampoco eran contrarrevolucionarios. Aclaró que nadie había supuesto que todos los artistas y escritores (ni todos los hombres honestos, fueran o no artistas o escritores) debían ser revolucionarios. Era para los artistas y escritores no revolucionarios, que la Revolución constituía un hecho nuevo, imprevisto y hasta problemático. Pero, a la inversa, ellos también constituían un problema para la Revolución.

Para ejemplificarlo planteó el caso de un escritor católico que estaba de acuerdo con la Revolución en los aspectos económicos y sociales, pero con la que disentía en su fundamentación filosófica. Y la duda de ese escritor era si él podría interpretar el proceso revolucionario desde su universo simbólico o si esa posibilidad le estaría vedada.

“Ese es el sector que constituye para la Revolución el problema, de la misma manera que la Revolución constituye para ellos un problema. Y es deber de la Revolución preocuparse por esos casos, es deber de la Revolución preocuparse por la situación de esos artistas y de esos escritores. Porque la Revolución debe tener la aspiración de que marchen junto a ella no solo todos los revolucionarios, no solo todos los artistas e intelectuales revolucionarios. (...) los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo.”

La Revolución debía tener una política inclusiva para todo ese sector del pueblo, seguramente mayoritario, que no era revolucionario pero tampoco era contrarrevolucionario. Por tanto debía actuar para que todo ese sector de artistas y escritores sintiesen que dentro de la Revolución tenían un campo para trabajar y para crear. Lo que ellos no podían hacer era trabajar contra la Revolución. Y es allí cuando dice: dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.

La Revolución y su derecho a existir

Aunque la expresión “contra la Revolución, nada”, podía parecer una obviedad, se encargó de explicarla. La Revolución tenía también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución era el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir nadie podía alegar con razón un derecho contra ella. Porque la Revolución expresaba y defendía los intereses del pueblo y de la nación. Ese no era un principio exclusivo para los artistas y los escritores, sino que era una ley general que abarcaba a todos los ciudadanos.

Luego explicó que no sólo querían una vida mejor en el orden material para todo el pueblo, sino que aspiraban también a proporcionarle una vida mejor en el orden cultural. Por eso propiciaban todas las condiciones para que los bienes culturales estuvieran al alcance de los sectores populares. Eso no quería decir que los escritores y artistas debían sacrificar la calidad de sus obras, pero, de hecho se planteaba el problema de si el artista creaba para un público que pudiese entenderlo o si creaba por un simple goce estético personal. Daba por supuesto que los artistas creaban para un público, que ese público debía tener las posibilidades de ser receptivo al mensaje artístico por tanto (aunque no lo dijo de este modo) la obra debía tender un puente entre la sensibilidad del artista y la sensibilidad del público. Hasta allí los temas planteados eran enormemente complejos, pero todavía había más.

Si la obra debía ser contemporánea de su tiempo y adecuarse a las condiciones culturales existentes, la producción artística podía quedar deprimida ya que la enorme masa de la población recién estaba saliendo del analfabetismo. No era ese el sentido que Fidel le estaba dando a sus palabras, porque también dijo que quien trabajase para sus contemporáneos no tenía que renunciar a la posteridad de su obra, creando para sus contemporáneos, independientemente incluso de que sus contemporáneos lo hubiesen comprendido o no, es que las obras habían adquirido un valor histórico y un valor universal. Y para ejemplificarlo hizo un paralelo entre la creación artística y la propia Revolución. Dijo que no estaban haciendo una revolución para las generaciones venideras sino para sus contemporáneos:

“¿Quién nos seguiría a nosotros si estuviésemos haciendo una revolución para las generaciones venideras? Trabajamos y creamos para nuestros contemporáneos.”

Y después de esa larga introducción fue al fondo del problema. Era un deber del gobierno contar con un órgano altamente calificado para estimular, fomentar, desarrollar y orientar el espíritu creador. Podía cuestionarse la existencia de esa autoridad rectora, pero con el mismo criterio se podía rechazar la existencia de la milicia, la existencia de la policía, la existencia del poder del Estado y la existencia del Estado mismo.

“Y si a alguien le preocupa tanto que no exista la menor autoridad estatal, entonces que no se preocupe, que tenga paciencia, que ya llegará el día en que el Estado tampoco exista.”

Hizo una defensa del Concejo Nacional de Cultura (que en ese momento estaba siendo duramente cuestionado por los intelectuales), y para ello dio por supuesto que los integrantes del Concejo cumplían correctamente con las funciones que tenían encomendadas. El supuesto era discutible, y, tal vez por eso, lo moderó al referirse al caso de la película. Dijo que se podía discutir la forma del procedimiento, si el Concejo había actuado bien o mal, si no tendría que haber tenido un manejo más amigable e, incluso, si el fallo no había estado equivocado. Pero lo que no se podía discutir era el derecho del gobierno a ejercer la función de fiscalización. El cine, la televisión y la prensa tienen un peso demasiado grande en la formación de la conciencia social como para que el estado (y sobre todo, el estado de un país agredido) estuviera inhibido de ejercer una función de control. Fidel no lo dijo de esta manera, pero era como dejar a Pandora en libertad de abrir la caja cuando y como quisiera.


Hasta aquí este recuerdo mínimo; aquellas Palabras a los intelectuales fueron dichas hace 60 años pero siguen resonando hoy para todos los que quieran escuchar el testimonio de la Revolución. Aquellas palabras son mucho más que un documento histórico, son una fuente permanente de conocimiento.

“Y ustedes, escritores y artistas, han tenido el privilegio de ser testigos presenciales de esta revolución. Cuando una revolución es un acontecimiento tan importante en la historia humana, que bien vale la pena vivir una revolución aunque sea solo para ser testigos de ella. Ese también es un privilegio, que los que no son capaces de comprender estas cosas, los que se dejan tupir, los que se dejan confundir, los que se dejan atolondrar por la mentira, pues renuncian a ella.”

http://www.cubarte.cult.cu/tienes-la-palabra/palabras-los-intelectuales/

miércoles, 16 de junio de 2021

El libro y las bombas

 


Fue un sábado de mucha lluvia, el agua tardaba en escurrirse y las calles se encontraban anegadas en muchos lugares. Tenía la esperanza de que después del mediodía mejorara un poco el clima, quería concurrir a un taller intensivo donde varios encuadernadores artesanales explicarían las técnicas usadas para la reparación, acondicionamiento y exposición de obras bibliográficas. Pero al comenzar la tarde la caída de agua seguía siendo intensa, como mi interés por esa exposición seguía siendo grande me armé de coraje y de un camperón presuntamente impermeable y me fui a tomar el colectivo. Tras el largo viaje descendí en Sarmiento y Lambaré, esquivando algunos charcos y metiéndome en otros llegué hasta el local donde se haría la reunión.

El libro

A pesar de la lluvia la concurrencia era numerosa, la calidad profesional de las y los expositores justificaba ese interés. Los primeros hablaron de un antiguo documento impreso sobre pergamino que se había deformado y fue necesario darle un tratamiento especial para recuperarlo. Luego unas especialistas describieron la digitalización de imágenes como una técnica complementaria para la conservación. Finalmente una encuadernadora contó su experiencia en la preparación de una caja atril para la guarda y exposición de un libro importante. Todas las intervenciones fueron excelentes, pero quiero detenerme especialmente en la última.

En principio la especialista no tuvo que hacer ningún trabajo de conservación con el libro. Aquel era un documento histórico, un ejemplar único que después de 60 años fue expuesto por primera vez al público. Ella tuvo que construir el estuche donde permanecería resguardado. Según dijo era su costumbre hacer una continua verificación del perfecto acoplamiento entre el libro y su continente, no debía haber rozamientos que pudieran dañar la obra, esta no tenía que “bailar” ni deslizarse innecesariamente.

En cada paso de la construcción solía corroborar la perfección del trabajo, eso era lo acostumbrado. Pero en este caso tuvo el libro durante muy poco tiempo, no sólo porque se recuperaban imágenes que se usarían en la inminente exposición, también otras personas reclamaban disponer del volumen para consultarlo o simplemente para curiosear. ¿Por qué tanto interés en ese ejemplar?

Ese libro había sido encontrado cuando se hacía el relevamiento de documentos que habían estado en poder del almirante Isaac Rojas. Ese volumen contenía el “Informe Casa Militar del 16 de junio de 1955”.


Si hubiera podido conversar con la encuadernadora le habría preguntado las características del libro. Por la descripción podía deducir que en principio era un álbum fotográfico, se decía que era un ejemplar único y que además de las fotos tenía gráficos de las zonas atacadas y de los daños producidos. Empecé a imaginar la posible historia de ese volumen, un informe mecanografiado al que luego se sumaron gráficos y posteriormente fotografías.

Si mi presunción era cierta, antes de convertirse en un volumen fotos y hojas estuvieron sueltas; luego las fotos se fijaron sobre las hojas (habría preguntado si con adhesivo o mediante esquineros o charnelas), tal vez conociendo esos datos se habría podido saber cuánto tiempo hacía que el libro-álbum había sido encuadernado.

El archivo de Rojas

Durante su paso por la función pública Rojas acumuló una enorme cantidad de documentos; sus biógrafos dicen que dedicaba buena parte del día a organizar su archivo personal con la ayuda de un par de asistentes. Después de su muerte la documentación fue entregada por sus hijos al Archivo General de la Armada Argentina. En el acta de recepción consta que “el Archivo General recibe la cantidad de 30 cajas selladas e identificadas con numeración correlativa, y el subdirector se compromete a su indización”. Mientras se encontraba en el Archivo General de la Armada la única persona autorizada para consultar esos documentos fue María Sáenz Quesada.

Esta investigadora recogió el testimonio de María Teresa Rojas afirmando que las cajas originales con las cuales ingresó al Archivo, de cartón y de grandes dimensiones, fueron reemplazadas por unas 65 cajas un poco más pequeñas de polipropileno azul. A partir de ese momento muchos documentos van desapareciendo: “se han podido detectar algunos faltantes de documentación, desde carpetas vacías hasta algunas cuyo índice señala documentación que no se encuentra, en general de acontecimientos relacionados al gobierno de la Revolución Libertadora”.

“María Teresa Rojas afirma que su padre tenía varias cajas con documentación relativa a los fusilamientos de 1956 y en el DEHN solamente se ha podido identificar un sobre con copias de la declaración de Rojas de 1958 sobre este hecho”.

En octubre de 2010 (Nota 750/10 letra SSRI, ASJ) el Director del Archivo General de la Armada resuelve transferir el archivo de Isaac F. Rojas al Departamento de Estudios Históricos Navales de la Armada Argentina (DEHN), que funciona como Archivo histórico de la Fuerza. Según testimonios del personal del Departamento de Estudios Históricos, el archivo de Rojas no ingresó en cajas ni contenedores de ningún tipo, por lo que fue depositado en una mesa y algunos documentos fueron envueltos en grandes paquetes para evitar su dispersión, pero sin orden alguno.

A mediados de 2012 se detecta la documentación de Rojas en una gran mesa del depósito del DEHN, “suelta, sin contenedor, mezclada con documentos de otras procedencias y sin orden aparente”. Las autoridades en ese momento no pueden dar cuenta de la forma de ingreso, del porqué de su estado y de ningún instrumento descriptivo de la misma. Se solicita entonces el traslado del archivo de Rojas a un lugar más adecuado para su futura estabilización, clasificación y ordenación.

En marzo de 2014 se decide que todos los documentos en manos de los investigadores sean devueltos; allí se encuentran algunos pertenecientes al Fondo particular de Rojas, específicamente aquellos relacionados a los hechos de la autoproclamada Revolución Libertadora. Pero también se descubren documentos con clasificación de seguridad producidos orgánicamente por la Armada Argentina, entre ellos uno denominado “Relación de antecedentes Revolución Libertadora año 1955 y acto subversivo año 1951”, que da cuenta de la remisión de la mayoría de estos documentos desde el Despacho Operaciones del Estado Mayor General Naval al DEHN en 1962. No es el único material ajeno que aparece entre los documentos de Rojas, también se encuentran una serie de libros de actas y resoluciones del Partido Peronista que fueron requisados tras el golpe de 1955.

El bombardeo

A mediados del 2012 se encontró el llamado Archivo Rojas sobre una gran mesa del depósito del Departamento de Estudios Históricos Navales de la Armada Argentina. Entre los documentos estaba el “Informe Casa Militar del 16 de junio de 1955”. Tres años después se decidió incluirlo en la muestra que bajo el nombre “1955, golpean la casa”, se realizó en el Museo del Bicentenario de Casa Rosada. En ese momento se cumplían 60 años del bárbaro atentado contra la población civil; las imágenes incluidas en aquel libro habían permanecido inéditas y la exhibición fue la oportunidad para difundirlas.

https://www.casarosada.gob.ar/informacion/archivo/28791-se-inaugura-una-muestra-sobre-los-bombardeos-a-plaza-de-mayo-en-el-museo-del-bicentenario

Por entonces también se reeditó el libro “Bombardeo del 16 de junio de 1955”. La edición original había sido prologada por Eduardo Luis Duhalde, y aquel iniciaba la presentación con estas palabras:

“El bombardeo de una ciudad abierta por parte de fuerzas armadas del propio país es un acto de terrorismo que registra pocos antecedentes en la historia mundial…”

Efectivamente, Argentina no se encontraba en guerra con ningún país extranjero, tampoco había un conflicto interno declarado, existían diferencias políticas bastante intensas pero nada hacía prever un atentado de semejante envergadura. La intención inicial era asesinar al presidente Perón y a todo su equipo de ministros atacando la reunión que se realizaba miércoles por medio en la Casa de Gobierno. Los complotados formaban parte de las fuerzas armadas, mayoritariamente eran marinos, algunos pertenecían a la fuerza aérea y un grupo más reducido provenía del ejército. Junto a ellos operarían los llamados comandos civiles.

https://javiernieva.blogspot.com/2017/09/1957-la-huelga-grande-de-los_22.html

Desde un principio el objetivo fue el magnicidio, no existía ninguna opción alternativa. Un par de años antes el capitán de fragata Jorge Bassi había planteado la posibilidad de bombardear la Casa de Gobierno. En un primer momento el proyecto pareció irrealizable, curiosamente se lo rechazaba por ser casi fantástico y no por ser criminal. Después los conspiradores fueron puliendo los detalles y terminaron convencidos de su viabilidad. Con meses de anticipación se compraron los fusiles semiautomáticos FN de fabricación belga y se los ingresó al país en buques de la Armada. En secreto se construyeron depósitos para el combustible y las bombas en el Aeropuerto de Ezeiza que funcionaría como central de reabastecimiento después del primer ataque. Los complotados civiles recibieron entrenamiento militar y fueron provistos de las armas que usarían para el asalto a la Casa Rosada. La jerarquía eclesiástica aportó su parte en el complot transformando la procesión de Corpus Cristi en una manifestación opositora.

Una operación militar de esa magnitud, en la que iban a participar varios centenares de efectivos, y con una logística enormemente compleja, no podía pasar desapercibida. El servicio de inteligencia funcionó bien, pero también funcionó bien la contrainteligencia; de un lado se supo que se tramaba algo importante contra el gobierno, del lado de los conspiradores se supo que los otros podían saber. La sospecha de que el plan había sido descubierto llevó a los complotados a adelantar las operaciones; inicialmente el ataque iba a realizarse el miércoles 22 a las 10 de la mañana, pero ante la posibilidad de haber perdido el factor sorpresa se dispuso el bombardeo de la Casa de Gobierno para el jueves 16 de junio.

El único plan seguía siendo el asesinato del presidente, como ya no estaría reunidos con los ministros sería la población civil la que lo acompañaría en el holocausto: ¡era terrorismo en estado puro! Desde el mediodía hasta el atardecer se prolongaron los bombardeos y ametrallamientos principalmente por el centro de la ciudad. Las víctimas se contaron por centenares, los muertos fueron más de 300.

https://javiernieva.blogspot.com/2017/09/1957-la-huelga-grande-de-los_25.html

Epílogo

A las 10 de la mañana del jueves 16 de junio el capitán Noriega partió con su avión desde Punta Indio. Llevaba dos bombas de demolición de cien kilos cada una. Para ese momento los efectivos a las órdenes del capitán Bassi ya habían tomado Ezeiza y esperaban la llegada de los infantes de marina que viajaban en cinco aviones de transporte. El general Franklin Lucero fue informado de los movimientos en Punta Indio y de la toma del aeropuerto de Ezeiza, entonces le propuso a Perón que se trasladara al Ministerio de Guerra. A partir de las 12.30 aviones de la Marina iniciaron el bombardeo; catorce toneladas de explosivos fueron lanzados sobre la Casa de Gobierno, la Plaza de Mayo, la Avenida Paseo Colón y la Residencia presidencial. Otros aviones se encargaron de ametrallar la Avenida de Mayo desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo, mientras un grupo compuesto por efectivos navales y comandos civiles tiroteaban la Casa Rosada desde el lado de Plaza Colón. El criminal ataque dejó un saldo de más de 300 muertos y un millar de heridos, de estos últimos casi 80 quedarían inválidos de por vida.

La férrea resistencia de los granaderos impidió que los marinos y comandos civiles pudieran asaltar la Casa Rosada. La defensa fue verdaderamente heroica y la llegada de refuerzos terminó por inclinar la balanza hacia el lado leal. Tal vez porque ya eran inútiles los ataques resultó más evidente la irracionalidad asesina de los complotados. Desde el aire siguieron ametrallando los alrededores de Plaza de Mayo, sumando muertos y heridos sin otra finalidad que sembrar el terror.

Las palabras pronunciadas por el presidente Néstor Kirchner en el acto de homenaje a las víctimas el 16 de junio de 2005 reflejan con toda crudeza la irracionalidad asesina de los complotados.

“El 16 de junio de 1955 no murieron solamente ciudadanos de un partido determinado, murieron argentinos, chicos que iban en colectivo, hombres y mujeres que por ahí salían a buscar trabajo, a encontrarse con sus familiares, que salían de almorzar; murieron argentinos que por allí estaban de acuerdo con los que tiraban las bombas. Pero la incomprensión, la intolerancia y la irracionalidad de quienes las tiraban ni siquiera ese tipo de cosas alcanzaban a medir, era tal la acción de odio que no importaba.”

sábado, 29 de mayo de 2021

El Cordobazo

 Este 29 de mayo se cumple un nuevo aniversario de El Cordobazo. Mayo de 1969 fue un mes cargado de grandes conflictos sociales a todo lo largo y ancho del país. Desde mucho tiempo antes venía madurando la rebeldía que se desbordó en puebladas cuyo punto más alto se alcanzó en la ciudad de Córdoba. La nota que se reproduce formó parte de un trabajo más amplio, por eso al final se incluye el índice de El Mayo argentino.

El Cordobazo.

Javier Nieva

El paro general convocado por ambas centrales sindicales –la CGT de los Argentinos y la CGT Azopardo- era para el viernes 30 de mayo en todo el país. Pero las regionales cordobesas –la CGT de los Argentinos y la CGT Legalista- habían decidido que el cese de actividades no fuera un “paro dominguero“ sino que estuviera acompañado con una intensa movilización; para que fuera realmente un “paro activo” la medida de fuerza comenzaría el jueves 29 a las 10 de la mañana. Con ello se aseguraba la participación de los obreros que se encolumnarían a la salida de sus lugares de trabajo para marchar hacia el centro de la ciudad.

La descripción que hizo el periodista Ernesto Ponsati sigue siendo estremecedora: “Desde el sur se movilizaron miles de trabajadores del SMATA. Desde el sudeste, avanzaron los obreros de los complejos fabriles de Ferreyra. En el oeste se movilizaron los estudiantes, progresando desde la zona del Clínicas hacia el centro. En el norte comenzó a moverse el sindicato de Luz y Fuerza, y más tarde, cerca de las 13, aparecieron por avenida General Paz y el Mercado Norte operarios de fábricas como Ilasa y otras.”


Las primeras informaciones, muy fragmentarias y confusas, hablaban de compactas columnas de obreros y estudiantes que habían conseguido romper las barreras policiales y que en distintas zonas de la ciudad hacían retroceder a las fuerzas represivas. Se hacía referencia a ocho frentes distintos donde la policía comenzaba replegarse, reemplazando los gases lacrimógenos por las armas de fuego y provocando las primeras víctimas entre los manifestantes.

La zona de la estación terminal de ómnibus se convirtió en un verdadero campo de batalla. El pánico se extendió, y se multiplicaron los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas represivas.

Alrededor de las 11.15 se produjo una verdadera batalla campal frente al Correo Central, en la esquina de Colón y San Martín. La policía pretendió detener el avance de la columna de Luz y Fuerza, pero los trabajadores respondieron con todo tipo de proyectiles a las granadas de gases lacrimógenos. Los manifestantes se disgregaban para volver a reagruparse en distintas esquinas donde levantaban barricadas y encendían fogatas. Vecinos y empleados de la zona contribuían con papeles, maderas y otros materiales combustibles, en una adhesión espontánea que fue determinante para todo el curso de los acontecimientos.

Aproximadamente a las 11.30 los estudiantes ingresaron al Palacio de Justicia, sobre el Paseo Sobremonte, y se instalaron en el salón de los pasos perdidos. Junto a los abogados y público en general improvisaron un acto en el que intervinieron varios oradores. Algo semejante ocurrió en la Municipalidad. Allí los manifestantes se reagruparon en la explanada del palacio y continuaron con el acto hasta que intervino la policía.

A las 13, en Boulevard Junín y Chacabuco se levantaron barricadas. Se habría intentado el incendio de los surtidores de nafta. Los agentes recibieron la orden de concentrarse alrededor del Departamento de policía en el casco chico de la ciudad.

La columna de la planta Santa Isabel, de la empresa IKA, ingresó en la ciudad por la ruta Nº 36 y llegó hasta la Avenida Vélez Sarfield donde desbordó la barrera policial. Poco después los manifestantes volvieron a chocar con la policía en el Hogar Escuela Pablo Pizzurno. Se sucedieron los enfrentamientos y la represión tiró a matar: el asesinato de Máximo Mena hizo crecer la indignación de los obreros.

A las 13.10 llegaron a la Clínica Buenos Aires tres heridos de armas de fuego.

A las 13.30 comenzaron a actuar los efectivos de gendarmería que estaban frente al departamento central de policía.

A las 13.50 se informó en Sanidad Policial que habían recibido 13 heridos, 6 de ellos eran policías con balazos.


En la esquina de Independencia y Boulevard Junín se habían levantado barricadas, se hostigaba a la policía y ésta se mostraba impotente para hacer frente a los manifestantes. Se argumentaba que se habían agotado las reservas de gases lacrimógenos y que los vehículos policiales se habían quedado sin combustible.

La explosión de furia popular se extendió a todos los barrios y zonas vecinas, donde trabajadores y estudiantes protagonizaron continuos enfrentamientos contra la policía, gendarmería y tropas del ejército.

A las 15 comenzó el incendio en el Registro Civil de Colón al 1100.

A las 15.30 se conoció la noticia de la muerte del obrero de apellido Castillo, baleado por la policía en las cercanías de la Plaza Vélez Sársfield.

Para ese momento la lucha se desarrollaba en 15 frentes distintos diseminados por la ciudad, y el comandante del III Cuerpo de Ejército informó que las fuerzas a su cargo entrarían en operaciones. En el primer comunicado emitido por el jefe represor se anunció la formación de consejos de guerra para juzgar a los manifestantes que fueran detenidos. No habían pasado ni 24 horas desde que se diera a conocer la ley 18.232 (ver https://javiernieva.blogspot.com/2020/06/el-mayo-argentino-8.html) cuando comenzó a ser aplicada.

El comunicado Nº 4 indicaba que “para restablecer el orden y la paz pública en la ciudad”, a partir de las 17 las fuerzas armadas comenzarían a actuar con todos sus medios. El general Lahoz, comandante militar de la zona de emergencia, dispuso la intervención de efectivos de la guarnición de Aeronáutica. Suboficiales y cadetes de esa fuerza ocuparon la zona del barrio Nueva Córdoba, enfrentándose con centenares de manifestantes que habían bloqueado las calles con barricadas. Hubo numerosos tiroteos, aparentemente con francotiradores apostados en las azoteas.

Para facilitar el accionar represivo se impuso el toque de queda entre las 20.30 y las 6.30 del día siguiente.

A las 22, en el casco céntrico, las fuerzas represivas habían recuperado totalmente el control de la zona. Barrio Talleres, en la zona sur de la ciudad, y en Pueblo San Martín, las fuerzas represivas no habían podido intervenir, y continuaban en manos de los manifestantes. El edificio de Obras Públicas y la construcción de la terminal de ómnibus, continuaban presas de las llamas.

El viernes 30 de mayo aviones de la Fuerza Aérea sobrevolaron la ciudad, aparentemente la misión era identificar los puntos donde presuntos grupos armados resistían aún el embate represivo. Hasta ese momento el Barrio Clínicas no había podido ser doblegado, por eso el último comunicado del general Lahoz le fue dedicado especialmente: anunciaba que ese era el próximo y último objetivo de las fuerzas represivas.

Fuerzas conjuntas de ejército y gendarmería iniciaron la ocupación del Barrio Clínicas a las 17 del día viernes. Era considerado el último bastión de los rebeldes, y en los furiosos enfrentamientos se produjo un número impreciso de muertos, heridos y detenciones. Para facilitar las operaciones el toque de queda fue adelantado en tres horas y media. Los defensores del lugar levantaron barricadas y se hicieron fuertes en los techos de unas cuarenta manzanas tratando de contener la embestida represiva. Tal vez fuera cierto que tenían algunas armas de fuego, pero los elementos disponibles eran mucho más primitivos: piedras, palos, gomeras, recortes metálicos, petardos e improvisados garrotes. Seguramente las armas más peligrosas de que disponían eran las bombas molotov.

Durante tres horas los atacantes fueron mantenidos a raya por los obreros y estudiantes parapetados en el barrio. La mayor parte de los enfrentamientos se desarrollaron a oscuras, porque los ocupantes habían cortado la luz, como ya lo habían hecho en otras situaciones similares. Militares y gendarmes fueron progresando muy lentamente, filtrándose por distintos lugares, y emplazando nidos de ametralladoras pesadas en sitios considerados estratégicos. Finalmente, a las 8 de la noche, se dio intervención a efectivos de la IV brigada de infantería aerotransportada, los que habrían tenido a su cargo el asalto del edificio de Mendoza 220. Aunque la información militar no es para nada confiable, allí habrían sido detenidas unas 30 personas. Pero lo que resulta totalmente increíble es que dispusieran de un verdadero arsenal, compuesto por armas de fuego y hasta granadas de mano.


Al anochecer del viernes 30 se conoció la primera sentencia del tribunal militar: Miguel Ángel Guzmán fue condenado a 8 años de prisión, por daño calificado y continuo. Horas después se supo de la segunda: Humberto Videla fue condenado a 3 años de prisión por participar en daño calificado y continuo. La tercera condena fue para Agustín Tosco, a quien se sentenció a 8 años y 3 meses de prisión por habérselo encontrado culpable de “intimidación pública y rebelión en concurso ideal”.


A las 6.30 del sábado 31 se levantó el toque de queda. Durante la mañana la inactividad seguía siendo muy acentuada, el transporte público se mantenía paralizado, y las patrullas militares y policiales impedían cualquier agrupamiento de personas. Se suponía que el estado de huelga se mantendría, pero eso recién se sabría más adelante, porque al estar detenidos los principales dirigentes de ambas CGT, la decisión quedaba en manos de los cuerpos intermedios.

Alrededor del mediodía, cuando ya estaba confirmado que la ciudad se encontraba totalmente bajo control militar, Lanusse se hizo presente en Córdoba. Algunos periodistas comenzaron a hablar del Bogotazo cordobés, equiparando los sucesos de la ciudad mediterránea con los que habían tenido lugar 21 años atrás en la capital colombiana, cuando el pueblo reaccionó enardecido frente al asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán.


Índice


El Mayo argentino. 1

Introducción

El 1º de mayo en Mataderos y en el interior del país

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2

Del Noreste a Córdoba, pasando por Tucumán

La muerte se hace presente en Corrientes

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3

El asesinato de Adolfo Bello

El Rosariazo

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4

Rosario, zona de emergencia militar

Los Consejos de guerra.

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5

Protestas en todo el país

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6

La detención de Ongaro

Una fiesta patria muy particular

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7

Tucumán y la protesta estudiantil

“Me gustan los estudiantes”

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8

Extraños en la noche

“Salió la nueva ley”

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9

El Cordobazo

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10

La huelga general

El largo mayo del ‘69

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Dos finales en junio

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jueves, 27 de mayo de 2021

Cinco debilidades de los gobiernos progresistas latinoamericanos

“Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales?”

El viernes 27 de mayo de 2016, hace exactamente cinco años, Álvaro García Linera estuvo en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA “para recibir el diploma Líderes de la Patria Grande por su trayectoria y su compromiso con las luchas por la emancipación continental”. Habían pasado seis meses desde la asunción de Mauricio Macri como presidente de la Nación y apenas dos semanas desde el desplazamiento de Dilma en Brasil; la derecha festejaba lo que definía como el fin del ciclo populista no sólo en Argentina sino en todo el continente. Era tiempo de restañar heridas y prepararse para la nueva batalla, y el discurso del vicepresidente de Bolivia fue como una clarinada para quienes llenaban el auditorio Roberto Carri de la Facultad.

Le habían precedido en el uso de la palabra el ex rector de la Universidad de General Sarmiento, Eduardo Rinesi, y el politólogo brasileño Emir Sader. De pie ante la concurrencia (“Como buen populista voy a hablar de pie”) agradeció la invitación y la presencia de todos los que se habían dado cita para “dialogar y compartir las lecturas que tenemos sobre lo que está pasando en nuestro continente”. Aquella exposición fue incluida en su libro Democracia, Estado, Revolución. Cinco años después aquel discurso sigue teniendo una enorme vigencia, y como es mucho más que un documento histórico aquí se lo reproduce tal como fue publicado por la Fundación Germán Abdala.

ÁLVARO GARCÍA LINERA

CINCO DEBILIDADES DE LOS GOBIERNOS PROGRESISTAS LATINOAMERICANOS.

Muy buenas tardes a todos y todas. Quisiera hacer una reflexión de lo que está pasando en el Continente, de lo que veo que ocurre. No estamos en un buen momento, eso está claro. Tampoco es un momento terrible. Es un momento de inflexión histórica. Algunos hablan de un retroceso, de avance de los restauradores. Lo cierto es que en el último año, después de diez años de gobiernos progresistas y revolucionarios en el Continente, esta mejora se ha detenido. En algunos casos ha retrocedido, y en otros, está en duda su continuidad. De manera fría, como lo tiene que hacer un revolucionario, tenemos que hacer un análisis de plaza, decía Lenin. En terminología militar, analizar las fuerzas y escenarios reales que hay, sin ocultar nada, porque dependiendo de la claridad del análisis que uno hace, sabrá encontrar las potencias, las fuerzas reales del avance futuro.

No cabe duda que hay una limitación o una contracción territorial del desarrollo de los gobiernos progresistas. Allá donde han triunfado las fuerzas conservadoras, hay un acelerado proceso de reconstitución de las viejas élites de los años ‘80s y ‘90s, que nuevamente quieren asumir el control de la gestión estatal y la función pública. En términos culturales, hay un esfuerzo denodado desde los medios de comunicación, ONG’s e intelectuales orgánicos de la derecha, por devaluar y cuestionar las ideas y el proyecto de revolución, o la idea misma de transformación.

Dirigen su ataque hacia lo que podemos considerar como la década dorada, la década virtuosa de América Latina. Aunque de diversas maneras, unos más radicales que otros, unos más urbanos, otros más rurales, con distintos lenguajes; fueron años en la región con muchos cambios. América Latina, desde los 2000, ha vivido los años de mayor autonomía y de mayor construcción de soberanía que uno pueda recordar desde la fundación de los Estados en el siglo XIX.


Cuatro cosas caracterizaron esta década virtuosa latinoamericana.


La primera, en lo político: un ascenso de clases sociales y fuerzas populares que asumen el control del poder de Estado, se supera el viejo debate de principios de siglo sobre la posibilidad de cambiar el mundo sin tomar el poder. Los sectores populares, obreros, trabajadores, campesinos, indígenas, mujeres, clases subalternas, superan ese debate teoricista y contemplativo de una manera práctica. Asumen la tarea de control del Estado. Se vuelven diputados, asambleístas, senadores. Se movilizan, hacen retroceder políticas neoliberales, toman la gestión estatal, modifican políticas públicas y presupuestos. En diez años asistimos a lo que podría denominarse una presencia de lo popular y de lo plebeyo, en sus diversas clases sociales, en la gestión de Estado.

De igual manera, asistimos al fortalecimiento de la sociedad civil: sindicatos, gremios, pobladores, vecinos, estudiantes, asociaciones, comienzan a diversificarse y a proliferar por distintos ámbitos. Se rompe la noche neoliberal de apatía, de simulación democrática, para recrear una potente sociedad civil que asume un conjunto de tareas en la construcción de los nuevos Estados latinoamericanos.

En lo social, en Brasil, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, Paraguay, Uruguay, Nicaragua, El Salvador, asistimos a una potente redistribución de la riqueza social. Frente a las políticas de ultra-concentración de la riqueza, que había convertido al continente latinoamericano en uno de los continentes más injustos del mundo, desde los años 2000, a la cabeza de gobiernos progresistas y revolucionarios, asistimos a un poderoso proceso de redistribución de la riqueza. Esta redistribución de la riqueza lleva a una ampliación de las clases medias, no en el sentido sociológico político del término, sino en el sentido de su capacidad de consumo. Así, se amplía también, la capacidad de consumo de los trabajadores, de los campesinos, de los indígenas, de distintos sectores sociales subalternos.

Una limitación, en la que se centraron los esfuerzos, fue la gran desigualdad social de la región. La diferencia en los porcentajes entre el 10% más rico respecto del 10% de los más pobres, que arrojaba cifras de más de 100, 150, 200 veces en la década del ‘90, al finalizar la primera década del siglo XXI, se ha reducido a 80, 60, a 40, de una manera que amplía la participación y la igualdad de los sectores sociales.

En lo económico, con mayor o menor intensidad cada uno de estos gobiernos y estos Estados ensaya propuestas post-neoliberales de la gestión económica. No estamos hablando todavía de propuestas socialistas, sino de post-neoliberales, que permiten que el Estado retome un fuerte protagonismo. Algunos países llevarán adelante procesos de nacionalización de empresas privadas, otras llevarán adelante la creación de empresas públicas, la ampliación del aparato estatal, la ampliación de la participación del Estado en la economía, pero está claro que en todas ellas se va a ensayar formas post-neoliberales de la gestión de la economía. Se recupera la importancia del mercado interno, del Estado como redistribuidor de la riqueza, y de la participación del Estado en áreas estratégicas de la economía.

En política externa, se va a constituir lo que podríamos denominar de una manera informal, una especie de internacional progresista y revolucionaria a nivel continental. No va a existir un COMITERN, como en la vieja Unión Soviética, pero de alguna manera, el Presidente Lula, el Presidente Kirchner, el Presidente Correa, el Presidente Evo, el Presidente Chávez, van a asumir lo que podríamos llamar una especie de comité central, de un internacionalismo, de una internacional latinoamericana, que va a permitir pasos gigantescos en la constitución de nuestra independencia. Antes la OEA, definía los destinos de nuestro continente bajo la batuta de Estados Unidos (que ponían el dinero y designaban al Secretario General), y con eso todas las disposiciones. En esta época surgirá la CELAC, UNASUR y una integración propia de latinoamericanos, sin Estados Unidos, sin la necesidad de tutelaje, sin la necesidad de patrones.

Igualmente, con la solidaridad entre los gobiernos y entre los países para consolidar una política externa, una política interna se llevará adelante. Recordaba el compañero Carlos Girotti, cuando él estuvo en Santa Cruz había un golpe de Estado en Bolivia. En ese entonces, cinco de los nueve departamentos que tiene Bolivia, quedaron bajo control de la derecha. Ni el Presidente Evo, ni este Vicepresidente, podíamos aterrizar en esos departamentos, no podíamos controlar las autoridades en esos departamentos, no podíamos ir a hacer gestión a esos departamentos. El país estaba dividido, la derecha había asumido el control político, había dualizado el poder, amenazaba y llevaba adelante un golpe de Estado, amenazaba con la guerra civil. Y en estos tiempos, fue la UNASUR, fueron los Presidente Kirchner, Chávez, Correa y Lula, que nos ayudaron para restablecer el orden democrático y retomar la iniciativa política.

En conjunto, el Continente, en esta década virtuosa, llevó adelante cambios políticos: la participación del pueblo en la construcción de Estados de nuevo tipo. Cambios sociales: redistribución de la riqueza y reducción de las desigualdades. Economía: participación activa de un Estado en la economía, ampliación del mercado interno, creación de nuevas clases medias. En lo internacional, articulación política del Continente. No es poca cosa en diez años, que son quizás los años, desde el siglo XIX, más importantes de integración, de soberanía y de independencia que ha tenido nuestro continente.

Sin embargo, y hay que asumir de frente el debate, en los últimos meses este proceso de irradiación y de expansión territorial de gobiernos progresistas y revolucionarios, se ha estancado. Hay un regreso de sectores de la derecha, en algunos países importantísimos y decisivos del continente. Hay amenaza de que la derecha retome el control en otros países, es importante que nos preguntemos por qué. ¿Qué ha sucedido para que hayamos llegado a esta situación? Evidentemente la derecha siempre va a intentar y va a buscar sabotear los procesos progresistas y revolucionarios. Es un tema de sobrevivencia política de ellos, es un tema de control y disputa por el excedente económico. La derecha en el mundo entero y en el continente es derecha y se vuelve empresarial, y se vuelve millonaria, usufructuando y usurpando recursos públicos. Está claro que la derecha siempre va a buscar conspirar y ese es un dato de la realidad. Pero es importante que evaluemos qué cosas nosotros no hemos hecho bien, dónde hemos tenido límites, dónde hemos tenido tropiezos, que han permitido o quieren permitir que la derecha retome la iniciativa. Porque si nos damos cuenta de dónde está nuestra debilidad, está claro que podemos superarla e impedir ese regreso de la derecha o retomar nuevamente la iniciativa, para sustituir a esa derecha nuevamente, mediante la movilización democrática del pueblo.


Yo marcaría cinco límites y cinco contradicciones que se han hecho presentes, que han aflorado en esta década virtuosa continental. No los voy a nombrar por orden de importancia sino simplemente por orden lógico.


Una primera debilidad, una primera falencia, que hemos tenido o que podemos tener es las contradicciones al interior de la economía. Pareciera que le hubiéramos dado poca importancia al tema económico al interior de los procesos revolucionarios. Y ese es un peligro porque no se olviden que Lenin decía: la política es economía concentrada. Claro, en oposición, cuando uno es opositor no gestiona nada. Lanza un proyecto de país, irradia una propuesta económica, pero no gestiona. Su convocatoria hacia el pueblo es en función de propuestas, de iniciativas, de sugerencias, pero no todavía en función de gestión. Entonces, cuando uno es opositor importa más la política, el discurso, la organización, las ideas, la movilización, acompañada de propuestas de economía más o menos atractivas, creíbles, articuladoras. Pero cuando uno es gestión de gobierno, cuando uno se vuelve Estado, la economía se vuelve decisiva. Y no siempre los gobiernos progresistas y los líderes revolucionarios han asumido la importancia decisiva de la economía cuando se está en gestión de gobierno. La base de cualquier proceso revolucionario es la economía. Cuidar la economía, ampliar los procesos de redistribución, ampliar el crecimiento, eran también las preocupaciones de Lenin allá en 1919, 20, 21, 22, cuando pasado el comunismo de guerra tiene que afrontar la realidad de su país destrozado. Ha resistido la invasión de siete países, ha derrotado a la derecha, pero hay siete millones de personas que han muerto de hambre. ¿Qué hace un revolucionario? ¿Qué hace Lenin? La economía. Todos los textos de Lenin después del comunismo de guerra es la búsqueda de cómo restablecer la confianza de los sectores populares, obreros y campesinos, a partir de la gestión económica, del desarrollo de la producción, de la distribución de la riqueza, del despliegue de iniciativas autónomas de campesinos, de obreros, de pequeños empresarios, incluso de empresarios, para garantizar una base económica que de estabilidad, que de bienestar a su población. Habida cuenta que no se puede construir socialismo ni comunismo desde un solo país, que hay mercado mundial que regula las relaciones, que el mercado y la moneda no desaparecen por decreto y mientras tanto le toca a cada país resistir, crear condiciones básicas de sobrevivencia, crear condiciones básicas de bienestar para su población, pero eso sí, manteniendo el poder político en manos de los trabajadores. Se puede hacer cualquier concesión, se puede dialogar con quien sea que permita ayudar al crecimiento económico, pero siempre garantizando el poder político en manos de los trabajadores y los revolucionarios.

La economía es decisiva. En la economía nos jugamos nuestro destino como gobiernos progresistas y revolucionarios. Si no se satisfacen necesidades básicas, no cuenta el discurso. El discurso habrá de ser eficaz, habría de crear expectativas y esperanzas colectivas, sobre una base material de satisfacción mínima de condiciones necesarias. Si no están esas condiciones necesarias, cualquier discurso, por muy seductor, por muy esperanzador que sea, se diluye ante la materia de la base económica.

Una segunda debilidad en el tema económico: Algunos de los gobiernos progresistas y revolucionarios han adoptado medidas que han afectado al bloque social revolucionario, potenciando al bloque conservador. Ciertamente que un gobierno debe gobernar para todos, es la clave del Estado. El Estado es el monopolio de lo universal, ahí radica su fuerza y su poderío, representar lo universal. Pero gobernar para todos no significa entregar los recursos o tomar decisiones que por satisfacer a todos debiliten tu base social que te dio vida, que te da sustento y que serán al fin y al cabo, los únicos que saldrán a las calles cuando las cosas se ponen difíciles. ¿Cómo moverse en esa dualidad? Gobernar para todos, pero en primer lugar, como dice la Iglesia Católica de base, tomando una opción preferencial, prioritaria por los trabajadores, por los pobladores, por los campesinos, por los humildes? No puede haber ningún tipo de política económica que deje de lado a lo popular. Cuando se hace eso, creyendo que se va a ganar el apoyo de la derecha, o que va a neutralizarla, se comete un error, porque la derecha nunca es leal. A los sectores empresariales los podemos neutralizar, pero nunca van a estar de nuestro lado. Y vamos a neutralizarlos siempre y cuando vean que lo popular es fuerte y movilizado. En cuanto vean que lo popular es débil, los sectores empresariales no van a dudar un solo instante para levantar la mano y clavar un puñal a los gobiernos progresistas y revolucionarios.

Hay quienes dicen desde el lado de una supuesta izquierda, que el problema fue que los gobiernos progresistas no tomaron medidas más duras de socializar y de avanzar con el comunismo y de acabar con el mercado y disolver la moneda, como si el problema fuera un tema de voluntad o de decreto. Se puede sacar un decreto que diga que no hay mercado, sin embargo, el mercado va a seguir. Podemos sacar un decreto que diga que ya no hay compañías extranjeras, sin embargo, las herramientas para los celulares o para las máquinas, igual van a requerir el conocimiento universal y planetario que los envuelve a todos. Un país no puede volverse autárquico. Ninguna revolución ha aguantado ni va a sobrevivir en la autarquía ni en el aislamiento. O la revolución es continental y mundial o es caricatura de revolución.

Y en lo económico, evidentemente, los gobiernos progresistas y revolucionarios significaron un empoderamiento político del pueblo, de los trabajadores, de campesinos, de indígenas, de obreros, mujeres, jóvenes, con mayor o menor radicalidad según el país que se tome en cuenta. Pero un poder político no va a ser duradero si no viene acompañado de un poder económico de sectores populares. ¿Qué significa eso? En cada país habrá que resolverlo. Pero poder político tiene que ir acompañado de poder económico, porque si no se va a seguir presentando la dualidad. Poder político en manos de los trabajadores, poder económico en manos de los empresarios o el Estado. Pero el Estado no puede sustituir a los trabajadores. Podrá colaborar, podrá mejorar, pero tarde o temprano tiene que ir disolviendo poder económico en los sectores subalternos. Creación de capacidad económica, creación de capacidad asociativa productiva de los sectores subalternos, esa es la clave que va a definir hacia el futuro la posibilidad de pasar de un post-neoliberalismo a un post-capitalismo.


El segundo problema que estamos enfrentando los gobiernos progresistas es la redistribución de riqueza sin politización social. ¿Qué significa esto? La mayor parte de nuestras medidas han favorecido a las clases subalternas. En el caso de Bolivia el 20% de los bolivianos ha pasado a las clases medias en menos de diez años. Hay una ampliación del sector medio, de la capacidad de consumo de los trabajadores, de derechos sino, no seríamos un gobierno progresista y revolucionario. Pero, si esta ampliación de capacidad de consumo y capacidad de justicia social no viene acompañada con politización social, no estamos ganando el sentido común. Habremos creado una nueva clase media, por su capacidad de consumo y satisfacción, pero portadora del viejo sentido común conservador.

El gran reto que tenemos es cómo acompañar la redistribución de la riqueza, la capacidad de consumo y la satisfacción material de los trabajadores, con un nuevo sentido común. ¿Y qué es el sentido común? Los preceptos íntimos, morales y lógicos con que la gente organiza su vida. ¿Cómo organizamos lo bueno y lo malo en lo más íntimo, lo deseable de lo indeseable, lo positivo de lo negativo? No se trata de un tema de discurso, se trata de un tema de nuestros fundamentos íntimos, cómo nos ubicamos en el mundo. En este sentido, lo cultural, lo ideológico, lo espiritual, se vuelve decisivo. No hay revolución verdadera, ni hay consolidación de un proceso revolucionario, si no hay una profunda revolución cultural, ética y lógica con que las personas organizamos el mundo.

Porque es muy cierto que podemos levantarnos y unirnos, como decía el compañero Rinesi, cuando explicaba lo de la democracia espasmódica, en un momento colectivo y de arrebato nos unimos, deliberamos y tomamos decisiones, pero luego uno regresa a la casa, al trabajo, a la actividad cotidiana, a la escuela, a la universidad, y vuelve a reproducir los viejos esquemas morales y los viejos esquemas lógicos de cómo organizar el mundo. Y qué hemos hecho. Claro, mi participación en la asamblea fue un espasmo, pero no fue profundidad que democratizó mi ser interno. ¿Cómo llevar la democratización de la asamblea, como espacio, como experiencia colectiva, a una democratización del alma, del espíritu de cada persona, en su universidad, en su barrio, en su sindicato, gremio, barrio? Ese es el gran reto. Es decir, no hay revolución posible si no viene acompañada de una profunda revolución cultural. Y ahí estamos atrasados. Ahí la derecha ha tomado la iniciativa. A través de medios de comunicación, de control de universidades, de fundaciones, de editoriales, de redes sociales, de publicaciones, a través del conjunto de formas de constitución de sentido común contemporáneas. ¿Cómo retomar la iniciativa? Esta angustia la comentábamos con el Presidente Evo, cuando veíamos que muchos de nuestros hermanos que son dirigentes sindicales, o que son líderes estudiantiles, como una especie de ascenso político social. Ven que llegar al Parlamento, o convertirse en ministro, es la culminación de una carrera social. Tienen derecho, después de haber sido por siglos marginados del poder político, imaginarse que pueden ser funcionarios del Estado es un hecho de justicia. Pero muchas veces, es más importante ser un dirigente de barrio, ser un dirigente de universidad, ser un comentarista de radio, ser un dirigente de base, que ser autoridad. Porque es en el trabajo cotidiano con la base donde uno gesta la construcción de sentido común. Y cuando vemos camadas enteras, cuando vemos a nuestros hermanos saliendo del barrio, de la comunidad, del sindicato, para buscar con derecho legítimo ser autoridad, luego queda un vacío y ese vacío lo llena la derecha. Y luego tendremos entonces, un buen ministro o un buen parlamentario, pero tendremos un mal sindicalista, un mal dirigente universitario, por lo general predispuestos a someterse a la derecha. Vuelvo a decir, cuando uno está en gestión de gobierno es tan importante un buen ministro o parlamentario como un buen dirigente revolucionario sindical, barrial, estudiantil, porque ahí también se hace la batalla por el sentido común.


Una tercera debilidad que estamos presentando los gobiernos progresistas y revolucionarios es una débil reforma moral. La corrupción es clarísimo que es un cáncer que corroe la sociedad, no ahora, sino hace 15, 20, 100 años. Los neoliberales son ejemplo de una corrupción institucionalizada, cuando agarraron la cosa pública y la convirtieron en privada. Cuando amasaron fortunas privadas robando fortunas colectivas a los pueblos de América Latina. Las privatizaciones han sido el ejemplo más escandaloso, más inmoral, más indecente, más obsceno, de corrupción generalizada. Y eso hemos combatido. Pero no basta. No ha sido suficiente. Es importante que, así como damos ejemplo de restituir, los recursos públicos, los bienes púbicos, como recursos de todos, en lo personal, en lo individual, cada compañero, Presidente, Vice-Presidente, Ministros, Directores, parlamentarios, gerentes, en nuestro comportamiento diario, en nuestra forma de ser, nunca abandonemos la humildad, la sencillez, la austeridad y la transparencia.

Hay una campaña de moralismo insuflado últimamente en los medios. En el caso de Bolivia decimos: ¿Qué ministro, qué viceministro, qué Diputado del pueblo, tiene una compañía en Panamá Papers? Ninguno. Pero sí en cambio podemos enumerar Diputados, Senadores, candidatos, Ministros, de la derecha que en fila inscribieron sus empresas en Panamá para evadir impuestos. Ellos son los corruptos, ellos son los sinvergüenzas y nos acusan a nosotros de corruptos, sinvergüenzas, que no tienen ninguna moral. Pero, hay que seguir insistiendo en la capacidad de mostrar con el cuerpo, el comportamiento y con la vida cotidiana lo que uno procura. No podemos separar lo que pensamos de lo que hacemos, lo que somos de lo que decimos.


Un cuarto elemento, que yo no diría de debilidad, se presenta en la experiencia latinoamericana, y no la vivieron ni Rusia, ni Cuba, ni China: el tema de la continuidad del liderazgo en regímenes democráticos. Cuando triunfa una revolución armada, la cosa es fácil, porque la revolución armada logra finiquitar, casi físicamente a los sectores conservadores. Pero en las revoluciones democráticas, tienes que convivir con el adversario. Lo has derrotado, lo has vencido discursivamente, electoralmente, políticamente, moralmente, pero ahí sigue tu adversario. Es parte de la democracia. Y las Constituciones tienen límites, 5, 10, 15 años, para la elección de una autoridad. ¿Cómo se da continuidad al proceso revolucionario cuando tiene esos límites? Es un tema nuevo del que no se ocuparon otros revolucionarios, porque lo resolvieron al principio el problema. Nosotros no. Forma parte de nuestra experiencia como nueva generación revolucionaria. ¿Cómo se resuelve el tema de la continuidad del liderazgo? Van a decir: lo que pasa que los populistas y socialistas, son caudillistas. Pero, qué revolución verdadera no personifica el espíritu de la época. Si todo dependiera de las instituciones, eso no es revolución. Ninguna revolución la hacen las instituciones, la hacen las personas, las subjetividades. No hay revolución verdadera sin líderes, sin caudillos. Es la subjetividad de las personas que se pone en juego. Cuando ya son las instituciones las que regulan la vida de un país, estamos ante democracias fósiles. Cuando es la subjetividad de las personas la que define los destinos de un país, estamos ante procesos verdaderos de revolución. Pero el tema es cómo damos continuidad al proceso teniendo en cuenta que hay límites constitucionales para un líder, que hay límites constitucionales para una persona. Ese es un gran debate, no es fácil resolverlo. No tengo yo la respuesta. Pero esa es una de las dificultades que estamos atravesando, hay varios países en los que se está atravesando ese proceso: Bolivia, Ecuador. Tal vez la importancia ahí de liderazgos colectivos, de trabajar liderazgos colectivos, que permitan que la continuidad de los procesos, tengan mayores posibilidades en el ámbito democrático. Pero incluso a veces ni eso es suficiente. Esta es una de las preocupaciones que corresponde ser resueltas en el debate político. ¿Cómo damos continuidad subjetiva de los liderazgos revolucionarios para que los procesos no se trunquen, no se limiten, y puedan tener una continuidad en perspectiva histórica?


Por último, una quinta debilidad que quiero mencionar de manera autocrítica pero propositiva, es la débil integración económica continental. Hemos avanzado muy bien en integración política. Y los bolivianos somos los primeros en agradecer la solidaridad de Argentina, Brasil, Ecuador, Venezuela y Cuba, cuando hemos tenido que afrontar problemas políticos. Y gracias a ellos estamos donde estamos. El Presidente Evo está donde está gracias a la solidaridad política de Presidentes y de los pueblos latinoamericanos. Pero integración económica, es mucho más difícil. Porque cada gobierno está viendo su espacio geográfico, su economía, su mercado, y cuando tenemos que ver los otros mercados, ahí surgen limitaciones. No es una cosa fácil la integración económica. Uno habla, pero cuando tienes que ver la balanza de pagos, inversiones, tecnología, las cosas se ralentizan. Este es el gran tema. Soy un convencido que América Latina solo va a poder convertirse en dueña de su destino en el siglo XXI, si logra constituirse en una especie de Estado continental, plurinacional, que respete las estructuras nacionales en cada país, pero que a la vez con ese respeto de las estructurales locales y nacionales, tenga un segundo piso de instituciones continentales en lo financiero, en lo legal, en lo económico, en lo cultural, en lo político y en lo comercial. ¿Se imaginan si somos 450 millones de personas? Las mayores reservas de minerales, de litio, de agua dulce, de gas, de petróleo, de agricultura. Nosotros podemos direccionar los procesos de mundialización de la economía continental. Solos, somos presas de la angurria y el abuso de empresas y países del Norte. Unidos, América Latina, vamos a poder pisar fuerte en el siglo XXI y marcar el destino del globo y la economía planetaria.


La derecha quiere retomar la iniciativa. Y en algunos lugares lo ha logrado, aprovechando alguna de estas debilidades. ¿Qué va a pasar, en qué momento estamos, qué viene a futuro? No debemos asustarnos. Ni debemos ser pesimistas ante el futuro, ante estas batallas que se vienen. Marx, en 1848, cuando analizaba los procesos revolucionarios, siempre hablaba de la revolución como un proceso por oleadas. Nunca imaginó como un proceso ascendente permanente, continuo, de revolución. Decía, las revoluciones se mueve por oleadas. Una oleada, otra oleada, y la segunda oleada avanza más allá de la primera, y la tercera más allá de la segunda. Me atrevo a pensar, profesor Emir, que estamos ante el fin de la primera oleada. Y está viniendo un repliegue. Serán semanas, meses, años. No sabemos, pero está claro que como se trata de un proceso, habrá una segunda oleada, y lo que tenemos que hacer es prepararnos. Debatir qué cosas hicimos mal en la primera oleada, en qué fallamos, dónde cometimos errores, qué nos faltó hacer, para que cuando se dé la segunda oleada, más pronto que tarde, los procesos revolucionarios continentales puedan llegar mucho más allá, mucho más arriba, que lo que lo hicieron en la primera oleada. Y esta segunda oleada podrá ir más arriba porque tendrá unos soportes, un punto de partida que no lo vamos a ceder. Tendrá a una Bolivia, a una Cuba, a una Venezuela, tendrá a un Ecuador, firmes, que permitan avanzar hacia el resto del continente y más allá.

Tocan tiempos difíciles, pero para un revolucionario los tiempos difíciles es su aire. De eso vivimos, de los tiempos difíciles, de eso nos alimentamos, de los tiempos difíciles. ¿Acaso no venimos de abajo, acaso no somos los perseguidos, los torturados, los marginados, de los tiempos neoliberales? La década de oro del continente no ha sido gratis. Ha sido la lucha de ustedes, desde abajo, desde los sindicatos, desde la universidad, de los barrios, la que ha dado lugar al ciclo revolucionario. No ha caído del cielo esta primera oleada. Estamos fogueados, traemos en el cuerpo las huellas y las heridas de luchas de los años 80 y 90. Y si hoy provisionalmente, temporalmente, tenemos que volver a esas luchas de los 80, de los 90, de los 2000, bienvenido. Para eso es un revolucionario, para asumir esa experiencia. Luchar, vencer, caerse, levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese es nuestro destino.

Algo que cuenta y tenemos a nuestro favor: el tiempo histórico está de nuestro lado. Ellos, lo decía el profesor Emir Sader, no tienen alternativa, no son portadores de un proyecto de superación de lo nuestro. Ellos simplemente se anidan en los errores, rencores, envidias de lo pasado. Ellos son restauradores. Ya conocemos lo que hicieron con el continente. Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, sabemos lo que hicieron ellos, porque gobernaron en los años 80 y 90. Y destruyeron los países, y nos convirtieron en países miserables, dependientes, nos llevaron a situaciones de extrema pobreza, y de vergüenza colectiva. Ya conocemos lo que ellos quieren hacer, no representan el futuro, ellos son zombis, muertos vivientes que temporalmente se mueven y caminan dando manotazos ante la historia. Nosotros somos el futuro, somos la esperanza. Hemos hecho en diez años lo que ni en cien años anteriores se atrevieron a hacer ni dictadores ni gobiernos, porque nosotros hemos reconstruido la Patria, la dignidad, la esperanza, la movilización y la sociedad civil. Entonces ellos tienen eso en contra. Son el pasado. Ellos son el retroceso. Nosotros estamos con el tiempo histórico. Pero hay que ser ahí muy cuidadosos. Aprender lo que aprendimos en los años 80 y 90, cuando todo complotaba contra nosotros. Acumular fuerzas, saber acumular fuerzas. Saber que cuando uno se lanza a una batalla y la pierde, nuestra fuerza va hacia el enemigo y se potencia él y nosotros nos debilitamos. Que cuando hay que dar una batalla, hay que saber calcularla bien, saber obtener legitimidad, saber explicar a la gente, saber conquistar nuevamente la esperanza, el apoyo, la sensibilidad, y el espíritu emotivo de las personas en cada nueva batalla que hagamos. Saber que nuevamente tenemos que entrar a la batalla minúscula y gigantesca de ideas, en los medios de comunicación grandes, en los periódicos, en los pequeños panfletos, en la Universidad, en los colegios, en lo sindicatos. Que hay que volver a reconstruir el nuevo sentido común de la esperanza del post-neoliberalismo, de las ideas, organización, movilización.

No sabemos cuánto durará esta batalla. Pero preparémonos por si dura un año, dos, tres o cuatro. Cuando nos tocó soportar los tiempos neoliberales, en la trinchera que estuvimos, soportamos más de 20 años. Y los que vienen desde la dictadura, soportaron 40 años. Pero en esos tiempos, la derecha se presentaba como la abanderada del cambio. Nosotros somos los abanderados del cambio, la derecha es la abanderada del pasado, de lo que llevó a nuestros países a la desgracia.

Por lo tanto, es un buen tiempo. Cuando hay lucha siempre es un buen tiempo, el continente está en movimiento y más pronto que tarde, ya no serán simplemente 8, o 10 países. Seremos 15, 20, 30 países que celebraremos esta gran Internacional de pueblos revolucionarios, progresistas, con la democracia, la igualdad, la justicia y la revolución de nuestro continente.